Año: 2020

«El cociente emocional predice el éxito con más precisión que el cociente intelectual»

 

El cociente emocional revela más cosas que el cociente intelectual

 

La capacidad para reconocer los sentimientos propios y ajenos y la habilidad para manejarlos revela mucho más sobre la eficiencia y las habilidades de una persona que un expediente académico brillante o un test de inteligencia por encima de la media. De hecho, como explica Guadalupe Gómez Baides, Directora del Instituto Europeo de Bienestar, autora de «Esto es Coaching» y Fundadora de la Escuela de Coaching Cegos, no es el cociente intelectual es que predice el éxito en la vida. Veamos por qué el cociente emocional es el que realmente toma el pulso a la satisfacción vital, según explica la experta...

¿Qué es la inteligencia emocional? ¿Es algo innato o adquirido?

La inteligencia ees la capacidad que tenemos las personas para conocer y gestionar nuestros propios estados emocionales y los de los de las personas que nos rodean.

Se habla de un «cociente emocional», que se desarrolla en paralelo al «cociente intelectual» de las personas y que predice con mayor precisión el éxito en la vida y la sensación de satisfacción.

 

Como casi todos los rasgos psicológicos, podemos heredar una predisposición a tener más o menos inteligencia emocional, pero lo realmente decisivo es el aprendizaje que hacemos desde pequeños, principalmente por modelado de las personas que nos rodean. Es decir, imitamos las formas de reconocer y gestionar las emociones de nuestros padres, hermanos y personas más próximas a nosotros.

La buena noticia es que se puede mejorar el nivel inteligencia emocional de cualquier persona (que no sufra una enfermedad que limite sus capacidades a este respecto) y que esté dispuesta a invertir el tiempo y el dinero suficiente para ello.

 

Guadelupe Gómez

¿Qué características definen a las personas con inteligencia emocional?

Todas están basadas en un buen nivel de autoconocimiento y autogestión de los estados emocionales.

Cuando se popularizó el término inteligencia emocional, yo comentaba que es lo que los psicólogos hemos denominado siempre «madurez emocional», directamente proporcional a la salud mental.

El modelo más conocido fuera de los ámbitos psicológicos es el de Goleman, que popularizó el término y definió cinco competencias emocionales básicas: autoconocimiento, autorregulación emocional, automotivación, empatía y habilidades sociales.

 

Como puedes imaginar, estas características se tienen que desarrollar en orden, porque no se puede regular o gestionar una emoción si no se es consciente de tenerla, ni podemos tener habilidades sociales sin empatía, etc.

¿Cuáles son los aspectos positivos y negativos de la inteligencia emocional? ¿Para qué sirve?

Realmente no hay ningún aspecto negativo de tener inteligencia emocional, todo son ventajas tanto a nivel personal como a nivel interpersonal.

Algunas personas identifican un alto grado de empatía (asociado a hipersensibilidad) con un aspecto negativo, pero esto solo ocurre en aquellas personas que no han madurado suficientemente el resto de las características que incluye una buena inteligencia emocional.

Podríamos decir que la empatía es condición necesaria pero no suficiente pata tener inteligencia emocional y es por ello por lo que a veces algunas personas llegan al sufrimiento empático.

 

Normalmente porque nadie nos ha enseñado nunca cómo desarrollar nuestro cociente emocional y la mayoría de las personas hacemos lo mejor que podemos con los modelos y experiencias que hemos tenido y que no suelen ser idóneos.

Respecto a los aspectos positivos de tener inteligencia emocional, lo cierto es que son todos. Si piensas en lo que deseas en tu vida, todo lo bueno que se te ocurra, pasa por tener una buena inteligencia emocional: amor, salud, éxito, satisfacción, bienestar, paz interior, disfrute, alegría, felicidad, …

¿Cómo puede saber una persona si tiene o no inteligencia emocional?

Viendo que la inteligencia emocional nos lleva a todo lo bueno de la vida, cuanto más feliz eres, más inteligencia emocional tienes. De eso puedes estar seguro…

Podemos citar algunos indicadores: Si tienes buena autoestima, autoconfianza, autocontrol, integridad, sabes disfrutar de las cosas grandes y pequeñas de la vida, sabes dar amor de forma sana y recibirlo, tienes resiliencia (resistencia al estrés), te recuperas fácilmente de los golpes de la vida, sonríes, eres agradecido/a, tienes sentido del humor, intuición, eres flexible y tolerante, sientes satisfacción con tu vida, aceptas lo que no puedes cambiar, tienes proactividad, persigues tu metas, etc.

 

¿Qué señales indican que una persona de nuestro entorno laboral, familiar, personal o sentimental carece de inteligencia emocional

Bueno, mucha gente habla de estas personas como «toxicas», a mi no me gusta el término, pero reconozco que es descriptivo…

Normalmente las personas con inteligencia emocional transmiten sensación de calma y seguridad. Parecen confiables, afables, compasivas, son atractivas socialmente hablando, etc. Así que las personas que carecen de ella son todo lo contrario… Carecen de autocontrol, sufren porque no se entienden ni ellas mismas, están estresadas, no respetan a los demás, son egoístas y egocéntricas, no soportan la frustración, son cortoplacistas, oportunistas, pueden dar versiones distintas a distintas personas para quedar bien, mienten, etc.

¿Y qué pasa cuando una persona no tiene inteligencia emocional?

 

Los aspectos negativos son devastadores. A nivel personal, es imposible tener bienestar y sentirse feliz, satisfecho, pleno, etc.

Y a nivel relacional, se hace imposible la conexión profunda, que se basa en emociones, el amor, lo que da sentido a la vida.

Carecer de inteligencia emocional es tener un pasaje a una vida de desdicha, sufrimiento, estrés, desgaste, depresión, incomprensión y soledad profunda. Vamos, que no se lo desearías ni a tu peor enemigo…

¿Podría aconsejarnos ejercicios prácticos para entrenar la inteligencia emocional

¡Claro! Lo primero que hay que hacer a diario, es ser conscientes de los estados emocionales por los que pasamos, porque es la única manera de poder gestionarlos adecuadamente y no negarlos o reprimirlos.

 

Lo segundo sería cuidarse física y psicológicamente. Comer bien, tener un sueño de calidad y hacer ejercicio físico nos dan las bases para tener un cerebro que funcione bien y podamos ser inteligentes en todas las formas.

Lo tercero sería un tiempo al día o cada dos días a la gestión emocional. Igual que vamos al gimnasio o hacemos ejercicio para mantener el cuerpo sano, nuestro sistema emocional requiere un tiempo para digerir las emociones que van surgiendo en el día a día.

Y me voy a permitir un cuarto ejercicio por si nos están leyendo algunos padres: hay que fomentar la inteligencia emocional de los niños porque lo que más nos importa es que los hijos sean felices. Enseñarles a identificar y nombrar lo que están sintiendo, a decidir la respuesta que quiero dar más allá de cómo me haga sentir una situación, enseñarles autocontrol y empatía y cómo afectan sus reacciones tanto a ellos mismos como a los otros, y proporcionarles vías de canalización y expresión saludable de las emociones que sienten.

La educación sexual tiene que empezar en casa, según sexólogos y docentes

 

BARCELONA Actualizado:

 

La educación sexual tiene que empezar en casa y la familia y debe colaborar con la que se imparte en los colegios, según han coincidido en señalar pedagogos, psicólogos y sexólogos consultados por Efe, que aplauden la implementación en Cataluña del plan de educación sexoafectiva «Coeduca't», que ha empezado a aplicarse en 300 institutos catalanes con el objetivo de introducir en tres años la educación sexoafectiva en todas las escuelas como una materia transversal desde los 3 a los 15 años.

Los expertos insisten en la «importancia del papel de los padres y madres en esta materia», ya que son «el referente más cercano para sus hijos» y defienden que, en consecuencia, «la educación sexual tendría que empezar en casa», aunque defienden que se haga de forma colaborativa también en la escuela.

Según el departamento e Educación, el plan «Coeduca't» es «un paso adelante hacia el reconocimiento de la diversidad, el derecho al propio cuerpo y la libertad sexual».

La educación sexual incluye temas como la identidad de género, la orientación sexual, la violencia de género, el consentimiento u otros aspectos de la sexualidad y la afectividad en contenidos adaptados según la franja de edad. La psicóloga clínica del centro de Psicología Cepsim y sexóloga del Instituto de Psicoterapia Gestalt de Madrid, Sandra Isella, lamenta en declaraciones a Efe que «la educación sexoafectiva sea una asignatura pendiente en España. Se da anatomía y biología, pero no se contempla la dimensión emocional y sexual».

«Es cierto que la dimensión emocional comienza a tenerse en cuenta, pero la sexualidad no se considera aún. Si la familia tuviera el apoyo de los colegios en estos temas, se ahorraría mucho sufrimiento», según Isella.

Educación sexoafectiva

El psicoterapeuta y sexólogo Raúl Padilla opina, en declaraciones a Efe, que «existe un tabú, es un tema incómodo y que intrinca en lo estrictamente personal y diverso», lamenta la ausencia de estos contenidos en el currículum educativo y asegura que «impide que se generen debates racionales en relación a la sexualidad».

Ambos expertos coinciden en que la educación ha de iniciarse en el ámbito familiar, al resaltar que ciertos valores sólo pueden adquirirse en casa, y recomiendan que la escuela, siempre respetando la multiculturalidad de las familias, trabaje con los padres para evitar que el alumnado entre en contradicciones al recibir conocimientos respecto a la educación sexoafectiva.

«Si en casa no tenemos una educación en condiciones, en la escuela va a estar desfasada. El respeto, las formas, el estilo comunicativo, la empatía, todo esto se aprende en casa. Si solo se trabajan en el aula no es suficiente, el trabajo tiene que ser conjunto», defiende Padilla.

Un esfuerzo conjunto de las familias y las escuelas que Padilla ve fundamental, ya que «a estas edades lo peor que puede pasar es encontrar mensajes opuestos en la escuela y en casa y esto debe tenerse en cuenta, siempre respetando la pluralidad y diversidad de las familias».

La presidenta de la Federación de Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos de Cataluña (Fapac), Belén Tascón, ha recibido el plan positivamente indicando que «me parece una buena iniciativa y una buena formación», ha dicho a Efe.

«Sería importante adaptar el discurso a cada franja de edad y aunque la participación no siempre es muy elevada serían muy provechosos unos talleres de formación para padres», propone Tascón.

En el instituto público IES Verdaguer, la directora del centro, Marta Vidal, reafirma a Efe que es necesario que los valores que se inculcan en la escuela «los den también las familias, porque si no es difícil hacer este trabajo».

«Además tenemos familias de muchas procedencias y queremos respetar su cultura, pero tratamos de hacerlo sin dejar de recomendar amplitud de miras», asegura.

No llegar tarde

En este instituto, la materia de la violencia machista la imparten mediante talleres puntuales la Guardia Urbana, y sobre sexualidad, voluntarios de la Cruz Roja en tercero y cuarto de ESO.

A estas edades, según Padilla, ya solo se puede «reparar» para evitar que el adolescente genere «patologías o una visión limitada de la sexualidad que le haga vivir relaciones deficitarias en su vida adulta».

La directora del centro indica, sin embargo, que estos talleres se complementan con sesiones respecto al consentimiento y la violencia sexual, pero no se coordina o incluye a los padres en el programa.

«Estaría bien que los padres participaran de alguna forma, para saber qué hacemos entre todos, pero es difícil que los padres quieran participar en la educación en los centros», lamenta Vidal.

«Los jóvenes suelen saber mucho más de lo que se les explica en estos talleres, pero les faltan conocimientos tan básicos como el respeto, el consentimiento, la asertividad y otros valores y estas carencias no les permiten dar a la sexualidad el valor que tiene», concluye la directora del instituto.

«Las relaciones de pareja sanas no esperan a su media naranja»

14/02/2020

 

Con motivo del Día de los enamorados, Mariola Lorente, creadora de contenidos y tutora del seminario de Educación afectivo sexual de la UP (Universidad de Padres), recuerda que el mito del amor romántico ha perdurado hasta nuestros días bajo la forma de «media naranja», lo que para ella conlleva ciertos riesgos porque moldea la manera de entender las relaciones de pareja.

En su opinión, «el amor romántico no es más que un tipo específico de amor, uno de tantos modelos amorosos que se han dado a lo largo de la historia de la humanidad. Un modelo que lleva siglos fundamentando nuestro estilo de vida afectivo y marcando el camino a seguir».

 

Explica a ABC que los cuentos que nos contaron en la infancia, las historias del universo Disney, del cine, la música... «han transmitido durante décadas unos valores sociales y creado una serie de mitos en los que se presenta a la mujer enamorada con un papel muy pasivo, de espera al hombre amado, siendo alguien a quién conquistar, salvar de su soledad, infelicidad o vida incompleta. Esta visión estereotipada perpetúa el sistema jerárquico, desigual y basado en la dependencia que todavía hoy predomina. Las expectativas que se siguen de ella conducen a la frustración y a la insatisfacción permanentes porque la realidad no cumple esos criterios. El amor no es perfecto ni nos tiene que salvar de nada».

 

creadora de contenidos de la UP no se manifiesta en contra de «los cuentos de toda la vida, no se trata de prohibirlos», pero sí deben servir de punto de partida para una reflexión. «Desde el momento que se los contamos a nuestros hijos se puede aprovechar para hablar del tema según sea su nivel madurativo, hacerles preguntas, mostrarles otros puntos de vista para que crezcan como personas válidas por sí mismas sin renunciar al amor. Las personas deben quererse a sí mismas, con sus virtudes y defectos, la felicidad se encuentra en su interior y no hay que esperar a que sea otra persona la que nos dote de esta plenitud».

 

También destaca que es muy importante explicar a los más jóvenes y adolescentes «que el amor no es control (del móvil, de la ropa que se viste, de dónde se sale...), que sentir celos no significa que se esté más enamorado, que el amor a primera vista no existe... Todos tienen en común que nos ofrecen una imagen distorsionada del amor que, a base de ser repetida ubicua e incesantemente, ha calado en nuestras mentes, afectando a nuestras esperanzas y decisiones. De manera que acaba condicionando la manera de relacionarnos y lo que esperamos o exigimos al otro sin darnos cuenta de que la mayoría de esas expectativas son irreales e, incluso, nocivas».

 

Sobre todo en una etapa sensible como la adolescencia, explica que esta representación idealizada de las relaciones amorosas tiene consecuencias como miedo a la soledad, dependencia, frustración, sexismo, relaciones que se alargan en el tiempo de manera enfermiza o duros procesos de desamor. «La buena noticia —matiza— es que han salido a la luz estas consecuencias y, por lo tanto, podemos evitarlas».

 

Incide en que sería muy positivo discutir y comentar estos mitos con nuestros hijos adolescentes, a propósito de series o películas que les gusten. Seguro que no tardan en aparecer. No es partidaria tampoco de prohibir o censurar estos contenidos porque, precisamente, es a partir de su existencia cuando se puede adoptar una postura crítica al respecto y buscar alternativas. «Es importante aprender a detectarlos y reflexionar sobre ellos en familia. Como madres y padres tenemos una oportunidad de oro para ayudar a nuestros hijos a sentar las bases de unas relaciones sanas, constructivas, libres y equilibradas; basadas en el respeto, el apoyo, el crecimiento personal y que no pasan, precisamente por la espera de la media naranja. Ttodo empieza por uno mismo. Un amor como fortaleza y como proceso, no como destino o imposición», concluye.

Las cinco cosas que más desgastan una relación

 

 

Cuando una relación de pareja pasa baches o empieza a deteriorarse, muchas personas se esfuerzan por dejar atrás los malos entendidos, los problemas y poner su mejor cara. Pero hay veces que esta situación se hace insostenible y, algunas de ellas deciden hacer balance y recordar no sólo aquellas cosas que más les unen sino también las que les ponen en el disparadero.

Los profesionales de los centros Nascia, especializados en la gestión del estrés, han elaborado una lista con las cinco cosas que más pueden estresary desgastar a una pareja basada en las experiencias de sus propios pacientes durante los últimos años.

1. Celos

La primera causa que apuntan los expertos son los celos, ya que cuando hablamos de ellos, el estrés se dispara a unos niveles que pueden resultar fuente de crisis de ansiedad. La falta de confianza, ya sea en uno mismo o en la otra persona, genera una inseguridad que les lleva al estrés más absoluto. Tener pensamientos negativos ante una posible infidelidad está a la orden del día en seis de cada diez parejas.

2. Miedo a la ruptura

Como segunda causa más habitual se encuentra el miedo a una ruptura. Ello significa sentir una angustia que desemboca en pensamientos adversos recurrentes. Y es que el miedo es una fuente de estrés que pone al cuerpo en alerta, y enfrentarse a una posible ruptura de la relación supone un momento doloroso de mucha tensión además de temor.

3. Convivencia

La convivencia también pone a prueba la paciencia de las parejas. Según los profesionales, ocho de cada diez afirman encontrar siempre alguna costumbre en su compañero o compañera que les genera tensión. Colocar los vasos y los platos de una determinada manera, dejar subida la tapa del inodoro, no recoger las gotas de agua que caen en el espejo o encimera del lavabo, etc… En resumen, tensión acumulada y discusión garantizada.

4. Impuntualidad

La cuarta causa que más estresa en pareja es la puntualidad. Los retrasos en las citas cuando éstas quedan por separado en un lugar y una hora concreta, pero también cuando tienen que salir juntos de casa porque tienen una cita con otras personas. El tiempo en el que cada uno tarda en vestirse o asearse, máxime cuando hay que compartir baño, es un momento que acumula tensión. Y, por supuesto, que la obsesión por la puntualidad sirva como una fuente más de estrés es algo que está a la orden del día.

5. Dificultad de conciliación

Finalmente el desgaste que produce la dificultad para conciliar horarios laborales y familiares se sitúa como una de las mayores preocupaciones para las parejas con hijos. Colegios, actividades extraescolares, trabajo… y el poco tiempo que les queda para disfrutar como pareja sin más preocupaciones supone un estrés constante.

Puede que seas un analfabeto emocional y no lo sepas

Las psicólogas Gema Sánchez Cuevas y Valeria Sabater repasan en «Pon corazón a tu cerebro» las claves del universo emocional para mejorar nuestras relaciones

 

Los analfabetos emociones no entienden lo que les pasa por dentroLos analfabetos emociones no entienden lo que les pasa por dentro

 

Raquel Alcolea

 

Puede que sean hábiles en el dominio de múltiples competencias, puede que tengan los títulos académicos a pares e incluso puede que tengan una inteligencia por encima de la media, pero les cuesta gestionar emociones como la ansiedad, la rabia o el miedo a la vergüenza. Los analfabetos emocionales son aquellas personas que no comprenden bien sus emociones y eso les causa un creciente malestar psicológico. Y atención, porque no estamos hablando de personas frías, duras, calculadoras y poco empáticas, sino de algo que va mucho más allá y que conocen bien las psicólogas Gema Sánchez Cuevas y Valeria Sabater, autoras del libro «Pon corazón a tu cerebro. Entiende tus emociones para vivir mejor» (de La mente es Maravillosa para La Espera de los Libros).

Las autoras de esta guía para entender las emociones distinguen tres perfiles que podrían definir al analfabeto emocional, al que describen como «una persona que desconoce o que tiene muy poco contacto con el universo emocional». Según Sánchez Cuevas, estos perfiles encajan con el analfabetismo emocional:

Los «caballeros blancos». «Esas personas que están disponibles para todo el mundo menos para ellas mismas, es decir, que priorizan las necesidades de los demás y dicen sí a casi todo lo que les piden», explica la psicóloga, quien precisa que, en este caso, en realidad lo que sucede es que suelen esconder sus emociones y decepciones para aparentar ser fuertes y estar disponibles. «Y esto conlleva un coste», aclara.

 

Los «corazones de cristal». Son personas muy sensibles, con alta empatía pero también con un alto contagio emocional. «Se contagian en seguida de las preocupaciones, las angustias y las necesidades de los demás, pues todo lo personalizan», define Sánchez Cuevas. El problema es, según explica, que se sienten mal porque no suelen tener claro el límite entre ellos y los demás.

Los «guerreros con corazas ardientes». Suelen ser personas con alta resolución y motivación, pero que no ven más allá de su punto de vista. Su lema es, según explica Sánchez Cuevas, «estás conmigo o contra mí» y la cuestión es que tiene la inteligencia emocional de un niño de tres años por lo que suelen enfadarse y frustrarse a menudo.

Aunque estos perfiles permiten identificar a un analfabeto emocional, las psicólogas afirman que en realidad puede serlo cualquier persona que desconozca el mundo emocional y no sepa muy bien qué quieren decirle sus emociones y para qué sirven. En cuanto a las consecuencias, la experta precisa que la huella del analfabetismo emocional suele ser el sufrimiento, la angustia y un estado de apatía y desgana que produce el hecho de no saber bien cómo se siente uno y qué ocurre en su interior.

¿Qué hago si soy un analfabeto emocional?

Si al leer este artículo te has sentido identificado con alguno de los perfiles o te has planteado que podrías ser uno de ellos, lo primero que debes hacer, según aconseja Gema Sánchez Cuevas, es interesarte por las emociones y aprender de ellas. Debes saber qué son las emociones, qué quieren decirte y para qué funcionan. «Pero no solo aquellas que te hacen sentir bien, sino todas. Pues a menudo solemos obviar aquellas con las que nos sentimos incómodos», comenta.

El enfado, la ira, la frustración... y todas las emociones incluyen un mensaje que es importante por lo que en lugar de dejarse llevar por ellas, la experta aconseja detenerse y descifrar qué quieren decir sobre uno y sobre sus necesidades. «Suele costar aceptarlo, pero lo que sentimos es nuestra responsabilidad. Somos nosotros quienes tenemos que gestionar esas emociones», afirma la autora de «Pon corazón a tu cerebro», una guía en la que se aportan herramientas y recursos para regular las emociones en nuestra relación con los demás.

¿Y si es mi pareja o está en mi familia?

La convivencia con los analfabetos emocionales no suele resultar sencilla. La razón de esta dificultad reside, según la psicóloga Gema Sánchez Cuevas, en que para ellos solo existe su realidad, un punto de vista y lo que ellos consideran mejor. «Suelen estar frustrados, tienen muchos cambios de humor y no comunican bien, por lo que hay que averiguar siempre qué quieren y cómo se sienten», describe.

Por eso es probable que, según vaticina la psicóloga, sus comportamiento tenga un efecto secundario en nosotros. Pero para minimizar este impacto la psicóloga recomienda mantener la calma, mostrarse firmes y tener presente cómo son. «La clave es no dejarse llevar por su inestabilidad ni ponernos a su nivel. Debemos mantener la templanza», asegura.

También es importante a la hora de relacionarnos con ellos o de pedirles algo que le hablemos de forma concreta y específica, señalándoles lo que nos molesta y cómo nos hace sentir, en lugar de emplear expresiones vagas, imprecisas o generales. «Hay que facilitar el diálogo y hacerles entender que también tenemos necesidades», propone Sánchez Cuevas.