Año 2019

«No me importa que estés con otras, ¡pero a mí no me dejes!»

Para la psicóloga Silvia Congost existe una presión social a estar en pareja y «perderla es para algunos un enfrentamiento con su miedo a la soledad»

 

Laura Peraita

 

En su último libro «A solas», la psicóloga Silvia Congost pretende decubrir al lector el placer de estar con uno mismo, de quedarse en silencio, dialogar con los miedos, tratar de comprenderlos y calmarlos, y de romper con ideas preconcebidas sobre el hecho de no tener pareja.

Tras haber sufrido personalmente una relación de dependencia emocional, esta experta en autoestima y conflictos de pareja reconoce que una relación de dependencia existe «cuando nos encontramos ante la incapacidad de cortar con la otra persona aun sabiendo que ya no hay amor, cuando no puedes desarrollarte personalmente porque esa persona te impide ser tú mismo, o cuando hay maltrato psicológico o físico. Son tres situaciones en las que es evidente que no es posible estar con una persona por nuestra salud física, emocional, espiritual. Sin embargo, se genera un enganche o apego debido al miedo a quedarnos solos porque tenemos una autoestima demasiado baja, no nos valoramos... y nos aterra enfrentarnos a la soledad de la ruptura».

¿Sufrimos, entonces, mucho de anuptofobia?

Sí muchísimo. Es ese pánico a quedarse sin pareja. En la consulta lo vemos constantemente. Hay muchas relaciones de dependencia producidas por ese pánico a la soledad. He visto personas que quieren dejar a su pareja y que tienen otras relaciones paralelas porque su pareja les dice «no me importa que estés con otras, pero a mí no me dejes», porque temen cambiar su situación. No quieren ser personas divorciadas o vivir solas. Llegamos a permitir situaciones en contra de nuestros propios valores educación y dignidad. Ese miedo nos lleva a convertirnos en miserables porque alguien que permite eso no es feliz de ninguna manera, está haciendo un papel ante la sociedad cuando por dentro, en realidad, está podrida.

¿Es un miedo personal, como individuo, o social, por el qué dirán los demás?

 

Hay un origen biológico y social. El primero, se produce en nuestro cerebro y se remonta a cuando vivíamos en las cavernas. Ser expulsados de la tribu podía suponer muerte inminente por ser devorado por un depredador o por otra tribu. Por eso, cuando una persona es abandonada por su pareja, el cerebro lo vincula a ese peligro de muerte y hace que se viva como un drama irracional.

También está el origen social porque la sociedad nos empuja a ver que no tener pareja, y más si se es mujer, es un fracaso. A mi consulta llegan personas que se quedan sin pareja y no se atreven a decirlo en su entorno por temor social a qué van a pensar, qué van a decir los demás. Es muy triste porque no debería ser así.

«Deberíamos tratar de normalizar que una relación puede acabar porque así viviríamos las rupturas de otra manera»

 

¿Está cambiando esta concepción social? ¿De qué manera influyen las nuevas tecnologías a ese sentimiento de soledad? ¿Lo minimiza?

Hoy seguimos estando bajo esta presión. Estar sin pareja nos pesa. Las nuevas tecnologías nos llevan a aislarnos más, pero el ser humano es social, es dependiente de las relaciones sociales. Con las redes nos aislamos de los que tenemos alrededor, pero nos conectamos con otras personas de forma virtual, no física. Vamos hacia esa dirección y cubrimos esa necesidad de conexión social a través de las redes.

Hay ocasiones en que una ruptura sentimental se vive como una liberación absoluta y otras veces como una muerte en vida. ¿Qué diferencia una de otra?

Cuando hay una relación tóxica, difícil de cortar, y se logra romper definitivamente uno se quita un gran peso de encima, o cuando uno no se atreve a decirle a su pareja que quiere dar este paso y, después de hacerlo, se encuentra la paz. Sin embargo, depende de cómo reaccione la otra persona puede surgir un sentimiento de culpa, de pena...

En cambio, cuando te dejan a ti y no quieres que la relación se rompa porque amas a esa persona y ella no, o te deja por otra persona, se vive de manera muy dura porque hay que encajar esos cambios hasta aceptarlos. Es un proceso de duelo complejo.

¿Qué da más miedo: sentirse abandonado por el hecho de que te dejen o saber que uno se queda solo? ¿Qué daña más la autoestima?

Que te abandonen te conecta con la percepción de que no has sido suficiente para esa persona, de que hay otras personas mejores que tú con las que prefiere estar... Eso daña mucho porque la autoestima baja y conecta con la autoimagen más negativa de uno mismo. Es muy importante darse cuenta de que no se puede gustar a todo el mundo.

¿Cómo se supera esa fase de baja autoestima provocada por la ruptura?

Favorecer la autoestima es un proceso muy importante para conectar de nuevo con la valía personal, con saber que uno no es defectuoso, sino que con esa persona no se encajaba por diversas causas: había valores diferentes, se ha estado bien un tiempo pero uno de los dos ha cambiado y no quiere seguir juntos... No hay garantías nunca en ninguna relación. Deberíamos tratar de normalizar que una relación puede acabar porque así viviríamos las rupturas de otra manera porque nada es permanente en esta vida. Deberíamos asumirlo de una manera más sana, no tan dramática. Hay personas que al romper se descuidan así mismos, incluso a sus hijos.

«Hay que buscar pequeños espacios para estar con nosotros mismos porque nos ayuda a volver a encontrarnos, a conocernos y conectar con dónde estoy y qué necesito»

¿Están marcadas en parte estas vivencias dramáticas por tradiciones de otras generaciones del matrimonio para toda la vida?

Sin duda. Hay personas que las tienen más marcadas que otras. Unas entienden que las relaciones son uniones que están vivas, que evolucionan y pueden acabar; sin embargo, otras, tienen ese peso de «he fracasado» porque tienen ese idea en la cabeza de creer que la relación iba a durar toda la vida. Se puede desear, pero creerlo es una señal de inmadurez para mí.

¿Cuál es la clave para vivir solo en la sociedad actual?

Sobre todo perderle el miedo y enfrentarnos a ese espacio. Hay que distinguir entre estar solo y sentirse solo. Lo que es dañino es sentir que no hay nadie para quien tú seas importante, que no hay nadie que te quiera, que piense y sienta igual que tú... Ahí es cuando se conecta con esa sensación de sentirse solo. Otra cosa muy diferente es estar solo, que nunca lo estamos en realidad porque siempre estamos rodeados de gente.

El problema es cuando uno se siente solo porque se sufre y es cuando debemos ser capaces de decirnos a nosotros mismos que somos los responsables de cambiar esa situación porque soy un ser social y necesito sentir que soy importante y valioso para otras personas. Hay gente que dice, «ya, pero es que no me apetece ahora ir a conocer gente nueva». Deben hacerlo aunque no les apetezca. Los seres humanos tenemos dos necesidades básicas: amor y conexión, igual que comer o descansar, si no enfermamos. Está comprobado.

Si uno siente que no le importa a nadie o que está aislado, tiene que esforzarse en romper esa dinámica, salir y crear una nueva red de contactos. Hay una diferencia importante entre soledad y aislamiento. El aislamiento es dañino y tóxico.

¿Cómo se debe afrontar la soledad impuesta de una persona que acaba de quedar viuda?

Debe intentar evitar el aislamiento y relacionarse con otras personas. Debe intentar buscar apoyo de la familia y, aunque le cueste, tratar de ir a sitios sociales con gente. En muchos casos, al haber tenido relaciones de pareja muy cerradas cuando pierden a su pareja se encuentran que no tienen vínculos sociales, y les cuesta un gran esfuerzo abrirse a nuevas personas, pero merece la pena. Hay quien opta por el camino fácil y se abandona y poco a poco se deterioran.

¿Es positivo buscar momentos de soledad aunque se tenga una relación de pareja?

Por supuesto, es bueno e importante tenerlo en cuenta. Hay que buscar pequeños espacios para estar con nosotros mismos porque nos ayuda a volver a encontrarnos, a conocernos y conectar con dónde estoy, qué necesito, qué me está ocurriendo, por qué me pasan ciertas cosas.... que el ritmo del día a día no nos deja hacer. Esto también ayuda a que nuestras relaciones funcionen mejor.

Los chicos también sufren anorexia y bulimia, pero les cuesta más acudir a las consultas

los varones con trastornos alimenticios presentan mayor comorbilidad psiquiátrica, como abuso de sustancias o incluso síntomas psicóticos

S. F.  30/11/2019 01:33h

Este 30 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria con el objetivo de visibilizar y sensibilizar sobre la lucha diaria que realizan las personas afectadas por estos trastornos, al igual que sus familiares y, cómo no, los profesionales de este ámbito tanto en psicología como en medicina, nutrición...

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) son una grave patología de la salud mental que se manifiesta en esencia mediante síntomas y obsesiones relacionados con la comida y la imagen corporal. Sin embargo, no debemos considerar estos trastornos como producto de la superficialidad o la vanidad de quienes lo sufren. En la base de los TCA se encuentran problemas psicológicos y dificultades relacionales profundas.

El psicólogo y director de la Unidad de TCA de Instituto Centta, Robin Rica, informa son los síntomas para poder detectar si alguien cercano padece TCA: «Los TCA a pesar de su gravedad, son enfermedades que suponen una especie de beneficio o gratificación para la persona que la sufre, por lo que en muchos casos la conciencia de enfermedad y la motivación al cambio es baja. Esto implica que frecuentemente el TCA hace esfuerzos por ocultar su presencia al entorno cercano. Observar si la persona altera su alimentación o si hay fluctuaciones de peso son signos de que puede estar pasando algo, pero no solo eso. Los TCA van ligados a dificultades en la regulación emocional y a un enorme sufrimiento, por lo que observar posibles cambios el estado de ánimo o en las relaciones sociales también nos puede dar pistas de que algo puede no estar yendo bien», asegura el experto.

 

El principal desencadenante de un TCA es el comienzo de una dieta restrictiva con una motivación estética. Esto genera el caldo de cultivo apropiado para que se manifieste la patología unido a otros factores de riesgo como baja autoestima, perfeccionismo obsesivo, inseguridad, baja tolerancia a la frustración, factores familiares como la sobreprotección, modelo de belleza d edelgadez extrema, obessión por el deporte, antecedentes de obesidad y sobrepeso previo y de haber sufrido burlas al respecto (sobre todo en varones) o la propia adolescencia, que también se considera un factor de riesgo.

Además, el psicólogo de Instituto Centta alerta de que «a los chicos también les afectan cuestiones relacionadas con su imagen corporal, peso y comida, pero les cuesta más acudir a las consultas, a pesar del riesgo. Animar a visibilizar también estos trastornos con las particularidades que tiene en el varón, sensibilizar a los profesionales para que exploren y detecten y animar a los chicos a acudir a las unidades especializadas es fundamental para sensibilizar contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria o la Dismorfia Muscular en varones».

En España, se estima que un 21% de las mujeres y un 15% de los varones universitarios está en riesgo de TCA. Respecto a la población masculina, el dato más difundido es que los TCA afectan a 9 ó 10 mujeres por cada varón. Sin embargo, estas cifras pueden estar infradimensionadas debido a la escasez de estudios en varones y a la dificultad de los chicos para acudir a los servicios de salud mental, tanto en general, como en concreto en TCA, ya que se sigue entendiendo como una patología femenina. Sin embargo, se sabe que los varones experimentan niveles similares que las mujeres de insatisfacción corporal, aspecto nuclear en el desarrollo de estos trastornos. Sin embargo en el varón la insatisfacción corporal tiene más que ver con el volumen y la definición de la musculatura.

Grandes problemas para los chicos

Rica nos sugiere que «aunque los TCA generalmente se inician en la adolescencia, en el varón el comienzo es más tardío que en las mujeres. También es frecuente encontrar antecedentes de obesidad infantil y victimización en la infancia-adolescencia de varones con TCA, hasta en un 40%. Este dato es particularmente preocupante en España si tenemos en cuenta nuestras cifras de obesidad infantil».

También comenta el psicólogo que hay grupos con más riesgo de padecer TCA por su actividad, como aquellas personas que practican deportes o actividades estéticas (fitness, patinaje, danza) o que tengan categorías de peso (boxeo, artes marciales).

Varios estudios concretan que los varones con TCA presentan mayor comorbilidad psiquiátrica, como abuso de sustancias o incluso síntomas psicóticos, y presentan mayores dificultades en la sexualidad que las chicas. Aún así la principal diferencia radica en que la orientación a la delgadez de los varones no tiene que ver exclusivamente con la pérdida de grasa, sino con conseguir visibilizar más la musculatura. Los varones se muestran de esta manera menos preocupados por el peso que las mujeres, pero su preocupación por la figura y por la musculatura les lleva a desarrollar con más frecuencia e intensidad conductas patológicas relacionadas con el ejercicio físico. De hecho ya se está generando cuerpo de investigación a este respecto sobre los llamados TCA-orientados a la musculatura, en donde se incluiría también la Dismorfia Muscular, a pesar de que hoy en día el DSM la considera dentro de los Trastornos Dismórfico Corporales que son a su vez un subtipo del trastorno obsesivo-compulsivo.

En la Bulimia Nerviosa en concreto, los varones perciben menor sensación de pérdida de control, ingieren cantidades mayores de comida y suelen preferir alimentos salados con alto contenido en proteínas o hidratos de carbono, a diferencia de las mujeres que se suelen decantar por los dulces.

Rica concluye: «Los varones cargan con el llamado ‘feeling and talking taboo’, lo que supone una barrera importante para el acceso de estos chicos a recursos de salud mental especializados en TCA. Resulta complicado en general que los varones muestren sus preocupaciones sobre cuestiones que se alejan del rol masculino clásico. Hablar de preocupación corporal, de inseguridades con el físico, del sufrimiento que supone y de cómo se ven muchas veces ocultando su cuerpo o avergonzándose de él es un tema tabú para el varón. Sentir que uno está sufriendo por cuestiones por las que un hombre no debería preocuparse bloquea la búsqueda de ayuda».

La paradoja que llena las consultas de terapia de pareja

La terapia de pareja fue el servicio médico más buscado en internet durante el año 2018

 

Unsplash

 

 

Acudir a la consulta del psicólogo es muchas veces tabú. Nos da vergüenza tener que explicar las razones por las que vamos, así que decidimos no contarlo. ¿Y en el caso de la terapia de pareja? ¿Nos da la misma vergüenza hablar de ello? Normalmente sí, pero tal como explica Sergi Vilardell, psicólogo y director de la Clínica Viher, como la decisión de acudir no recae en una persona, sino en dos «la responsabilidad de lo que pasa queda repartida, lo cual puede facilitar la consulta».

Es por ello que la terapia de pareja, según el estudio «El Paciente digital 2018», del portal Doctoralia, fue durante el año pasado el servicio sanitario más demandado por los españoles, por encima de las consultas de dermatólogos, dentistas y fisioterapeutas. «Las parejas pueden venir empujadas por alguna crisis reciente que las coloque ante una última oportunidad. Ese ultimátum es el que está detrás de muchas demandas de terapia de pareja», comenta el doctor Vilardell para explicar el reclamo de este tipo de sesiones.

¿Y cuáles suelen ser las razones que empujan a una pareja a acudir a terapia? Tal como explica Sergi Vilardell, el tema más recurrente que sueñen abordar son «aquellas relaciones largas en las que ambos se quieren pero en las que aparecen dudas». El psicólogo especifica que estas dudas suelen basarse en que «uno no siempre quiere lo que desea», así como tampoco «desea lo mismo que quiere». Esta paradoja se convierte en un conflicto que al final empuja a las parejas a querer encontrar respuestas y soluciones.

Identificar el problema

 

Asimismo, el psicólogo aclara que a terapia solo acuden parejas que se encuentran en situaciones delicadas. «Nadie viene a terapia de manera preventiva, y tampoco creo que fuera buena idea», explica y continúa: «También es importante aclarar que no siempre el objetivo de la terapia es "sanar" la relación, en ocasiones es importante saber si la relación se ha roto para salir de ella de la mejor manera posible».

Son varios puntos de debilidad en las parejas que se tratan cuando estas deciden acudir a terapia. Por un lado están las flaquezas comunes, los «problemas propiamente de pareja», explica Sergi Vilardell. Estos serían discusiones o faltas de respeto, por ejemplo. Por otro lado encontramos las debilidades que se deben trabajar de manera individual, «las cosas de las que cada uno se tiene que hacer cargo, lo que lleva en su mochila personal», dice el psicólogo. Esto tendría que ver con las inseguridades, los celos o la agresividad.

Guía para anular a los compañeros del trabajo «tóxicos»

La lista de cosas que nos agotan física y mentalmente es interminableLa lista de cosas que nos agotan física y mentalmente es interminable

 

Raquel Alcolea 

 

Agotados, exhaustos, fatigados, reventados... A diario llegamos a casa en un estado catatónico del que cuesta salir. Quizá sea por falta de sueño, o porque hacemos demasiadas cosas a la vez, o porque no nos hemos alimentado de forma saludable, o quizá sea simplemente porque hemos sufrido la influencia de esos compañeros del trabajo «tóxicos» que acaban con nuestra paciencia y con nuestra energía.

Es probable que a cada persona le afecte más o menos esa influencia negativa del entorno, pero lo cierto es que son muchas las circunstancias que, en el día a día, nos dejan sin fuerzas.. ¿Te has parado alguna vez a pensarlo? Cuando le preguntamos a Mónica García, coach de liderazgo y fundadora de El Factor Humano, por todo lo que en el día a día nos puede llegar a agotar o incluso a sacarnos de nuestras casillas, la lista puede ser interminable: conversaciones basadas en la queja, la crítica y el desprecio; posponer o retrasar las tareas, no hacer lo que hemos dicho que vamos a hacer, pensar a destiempo en las decisiones cotidianas (qué tengo que comprar para la cena o para comer al día siguiente... es decir, la carga mental que está detrás del «síndrome del agotamiento»), multitasking (hacer varias cosas a la vez), decir «sí» cuando queremos decir «no», autocastigo y autocrítica, dar vueltas a algo que nos pase sin pasar a la acción, querer controlar lo que escapa a nuestro control (comportamientos de otras personas), querer tener siempre razón, hablar o pensar sobre lo que podrías haber hecho en el pasado...

Todas esas pequeñas cosas (y otras muchas que quizá se te hayan ocurrido mientras lees este artículo) son las que van minando la energía, casi sin que nos demos cuenta. La buena noticia es que, igual que existen cosas que nos «vampirizan», también hay acciones y actitudes que nos recargan las pilas. La experta del Factor Humano las divide en cuatro tipos: aquellas que te renuevan la energía física, las que aumentan la energía mental, las que fortalecen la energía emocional y las que cuidan la energía espiritual.

¿Qué hago para tener más energía?

 

Para aumentar la energía física resulta útil, según explica Mónica García, hacer paradas durante el día de cinco minutos para estirar el cuerpo, hidratarte y respirar profundamente. «No esperes al final del día para descansar, renueva tu energía cada una o dos horas», aconseja.

Pasar al menos una hora del día al aire libre y dormir un mínimo de 7-8 horas (aunque creas que funcionas con menos) son hábitos que contribuyen a renovarte.

La energía mental también puede fortalecerse y para ello es importante que pongas el foco en lo que estás haciendo, trabajes en serie y tengas claro las prioridades. «Acaba una cosa antes de empezar la siguiente», propone la experta.

Otro aspecto que ayuda a tener más energía mental es centrarse en aquello que puedes controlar: tu actitud, la atención de tu mente y lo que puedes hacer en ese momento. «Si has dicho que ibas a hacer algo, hazlo. Es la mejor manera de despertar satisfacción», revela.

También es importante cuidar la energía emocional, pues lo queramos o no somos «sociales». Así, la experta afirma que la conexión con los seres queridos (dedicar tiempo a estar y a hablar con ellos) despierta sentimientos importantes como la pertenencia, la seguridad, la conexión y la intimidad.

La diversión debe formar parte de la vida, pues también alimenta la energía emocional. Dedicar tiempo a pasarlo bien, sin ningún otro objetivo que disfrutar, aumenta las ilusiones y la emoción.

Pero tampoco hay que olvidarse del tiempo a solas y en silencio, pues mirar dentro de nosotros contribuye a despertar la claridad y la paz interior. «Dedica unos minutos a apreciar el día y a apreciarte a ti, en lugar de repasar todo lo que has dejado sin hacer despertando una sensación de escasez y aumentando el estrés justo antes de dormir», propone García.

La energía espiritual se renueva dando sentido a lo que haces, eligiendo libremente las obligaciones, diciendo «no» cuando corresponda y poniendo límites saludables.

Seis tipos de personas que es bueno tener cerca (y otros seis de los que es mejor alejarse)

Buscar un grupo de referencia adecuado no solo nos hace más feliz sino que también ayuda a alcanzar el éxito

Seis tipos de personas que es bueno tener cerca (y otros seis de los que es mejor alejarse)

4.9.2019 

 

Cuidado con algunos de estos tipos de personas, no aportan nada bueno. Sin embargo, otros de ellos te harán más feliz y te ayudarán a alcanzar el éxito. Aprende cómo distinguirlos

Buscar un grupo de referencia adecuado no solo nos hace más feliz sino que también ayuda a alcanzar el éxito

Esforzarse en buscar estas seis personas vale la pena Que no te compliquen la vida, que sean personas positivas, que tengan iniciativa, asuman sus errores… Son cualidades que, en los otros, pueden multiplicar lo bueno de nosotros mismos."Hay que saber rodearse de gente motivada e inspiradora, hará que aumente nuestro bienestar emocional, se incremente nuestra capacidad de aprendizaje y vivamos un mayor crecimiento personal", asegura Elena Cedillo, psicóloga clínica y cocreadora de People are not Resources. Para Cedillo, así son los seis tipos de personas que más nos pueden beneficiar.

Personas positivas Nos ayudan a percibir el lado bueno de las cosas, a asumir riesgos, a conseguir una resolución satisfactoria de los problemas. Las personas positivas nos hacen creer en nuestras posibilidades, a responsabilizarnos de nuestra vida y a sonreír más. Y la sonrisa tiene un poder innegable.

Personas agradecidas Las personas solemos centrarnos más en los aspectos que no tenemos satisfechos en vez de colocar el foco en las cosas buenas que nos ocurren constantemente. Potenciar la gratitud o estar con personas agradecidas incrementará nuestro bienestar emocional, nos situará en nuestro presente y nos alejará de la queja inútil.

Personas envidiosas En el momento en que alguien experimenta la envidia se percibe como inferior o como perdedor, y eso no solo genera frustración, también produce algo muy peligroso que es la rabia. De hecho, hasta eso que llamamos "envidia sana" esconde el deseo de algo que no se posee y esto puede dar forma a situaciones incómodas, en las que se pierde la confianza en nuestras relaciones. Siempre será mejor la admiración que la envidia. Quien te envidia, ni te quiere ni te respeta.

Personas agresivas Carecen de empatía, son autoritarias, usan la comunicación violenta y priorizan en exclusiva sus necesidades y derechos. Convivir con este tipo de personalidad puede erosionar gravemente nuestra autoestima, y no podemos dejar de lado que estamos ante un tipo de maltrato. Lo mejor en estos casos es poner distancia. Convivir con alguien agresivo, ya sea en el ámbito familiar o laboral, deja serias secuelas a todos los niveles.

Estamos usando la tecnología como chupete pacificador de emociones

La falta de conciliación o a las dificultades para afrontar muchas situaciones complejas de la vida, entre las causas

Actualizado:

 

La doctora en Psicología Ana Estévez ha señalado que las personas utilizan las pantallas como «chupetes pacificadores emocionales» y ha dicho que no hay que criminalizar a los padres que fomentan el uso de los dispositivos móviles como método de distracción porque hay factores sociales que promueven ese hábito. En declaraciones a Efe sobre las ventajas e inconvenientes de los dispositivos móviles, Estévez, que también es profesora de la Universidad de Deusto, ha achacado ese comportamiento de los padres a cuestiones sociales como la falta de conciliación o a las dificultades para afrontar muchas situaciones complejas de la vida.

«El tema no es únicamente que los padres den a los niños una pantalla, sino que como sociedad utilizamos las pantallas como chupetes pacificadores emocionales. Si estamos nerviosos utilizamos la tecnología para evadirnos y los niños se ven reflejados», ha manifestado Ana Estévez.

A través de la tecnología y las pantallas, ha añadido, las personas están sobreexpuestas a muchos estímulos «muy agresivos y de mucha índole» y perciben la realidad «como si fuera una película», lo que produce habituación, falta de empatía y anestesiamiento. Asimismo, ha insistido en que la capacidad de empatía y de sentir con los iguales es «inherente» al ser humano y ha alertado del peligro de percibir la realidad de esa forma, «como un videojuego». Estévez ha indicado que el uso de la tecnología tiene una parte buena y otra en la que hay que poner atención, especialmente cuando entre los jóvenes se dan una serie de problemas relacionadas con las apuestas o el juego online.

 

Para Estévez, que se produzca un enganche a la tecnología está relacionado con la importancia de relación con los demás, con la autoestima, la dificultad para establecer límites o la sensación de seguridad puesto que la tecnología es un elemento «que nos da refuerzo constantemente».

La profesora de Deusto ha dicho que cada persona tiene usos diferentes de la tecnología y no hay un «término medio correcto» para su uso. «Muchas de las cosas que vivimos es unicamente a través de la tecnología. No está mal mandar mensajes o utilizarla porque tiene cosas maravillosas, pero hay que saber estar sin ella y no tener síndrome de abstinencia», ha remarcado Estévez, quien ha destacado la importancia de tener espacios donde la comunicación sea solo con las personas y donde no se interrumpa la interacción constantemente.

La tecnología y la adicción a las pantallas, ha dicho, afecta a la capacidad de las personas de percibir y concentrarse, una cuestión especialmente sensible entre niños y adolescentes, cuyo cerebro, ha indicado, termina de conformarse entre los 21 y los 24 años, una época «vulnerable» que puede verse afectada, a su juicio, por las pantallas.

En las edades tempranas y adolescentes, que se utiliza constantemente la tecnología es preocupante cuando hay una interferencia con la vida y donde se puede detectar, ha expresado Ana Estévez, es a través de síntomas como una bajada en el rendimiento escolar, cambios en las relaciones con la familia, si hay irritabilidad, aislamiento social.

Ha subrayado que los teléfonos son en realidad ordenadores «capaces de un montón de cosas» y que, al dejárselo a un niño, no se es consciente de qué puerta de acceso es a según qué cosas, a qué espacios se le deja acceder y el peligro que supone en términos, por ejemplo, de seguridad.

Con respecto a la incidencia de los dispositivos móviles en el ámbito laboral, la profesora de Deusto ha explicado que el tiempo de descanso y el de trabajo «se está entrelazando» porque ahora es muy fácil estar pendiente de lo que sucede al recibir correos y estar al tanto de lo que está sucediendo en el entorno profesional.

Para Estévez eso genera un nivel de alerta que «por supuesto» influye en la capacidad de descansar. Sobre las consecuencias a largo plazo que puede tener este abuso de la tecnología, Estévez ha dicho que es imposible saberlo pero que es «imparable».

«Lo que sí sabemos es que en este momento está afectando a cosas tan sencillas como la memoria, porque el cerebro se ha vuelto más cómodo y ya no necesita, por ejemplo, almacenar números de teléfono», ha reflexionado la profesora, quien ha añadido que también se ve alterada la capacidad de percepción y concentración porque, a su juicio, «siempre hay algo que interrumpe».

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¿Adolescentes adictos a las nuevas tecnologías o padres que no paran de mirar su móvil?

Según José Luis Sancho, doctor en Psicología. «estamos llamando adicciones a cosas que no lo son»

Carlota Fominaya  MADRIDActualizado:

 

«Estamos psicopatologizando absolutamente todo», advierte José Luis Sancho, doctor en Psicología y ponente mañana sábado 28 de abril en el encuentro que organiza el colegio Areteia (Madrid) bajo el epígrafe «Educar para la libertad en el siglo XXI: Los riesgos de las oportunidades de nuestro tiempo. Adicciones y afrontamiento». «Estamos llamando adicciones a cosas que no son. Y hemos de ser conscientes de que cuando colgamos el cartel de adicción a algo lo convertimos en un problema que supone que inmediatamente después tendremos que andar interviniendo, diagnosticando, tratando...», apunta.

Sancho denuncia en primer lugar las «supuestas dependencias a las nuevas tecnologías, tan de moda en la sociedad de hoy en día. Sin embargo, según la información de la American Psychological Association (APA), no hay que llamar adicción a todo: las tecnologías no son un problema, son el síntoma de que hay algo más que está pasando».

Este experto señala a que en este tema concurren «desde aspectos educativos, como por ejemplo, que no somos capaces de poner normas y límites en las vidas de nuestros hijos, hasta realmente posibles patologías de salud mental, como puedan ser la ansiedad, la depresión, un Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), un trastorno límite de la personalidad... Pero que el trasfondo real no son las nuevas tecnologías, estas son solo el síntoma de que estamos educando mal o que existe un trastorno de fondo más importante que el mero uso de las tecnologías».

Adicción al móvil y conducta paternal

 

«Vamos a centrarnos -propone Sancho-, en cuáles son las conductas realmente peligrosas. Vamos a examinar cuál es el grado de coherencia de los educadores, padres y madres. No podemos hablar de que nuestros hijos son adictos a las nuevas tecnologías cuando papá y mamá se van a cenar y cada uno está mirando su pantalla de forma permanente y absolutamente enganchados al móvil, o cuando papá y mamá están pendientes constantemente de los grupos de WhatsApp de otros familiares, de amigos, o del colegio como una forma de socializar».

«Las nuevas tecnologías, las redes sociales (estas u otras) han venido para quedarse. Son herramientas, y al igual que estas, deben ir acompañadas de manuales de instrucciones para aprender a utilizarlas. Por eso cuando estos dispositivos entren en casa tendremos que explicar a un niño cómo se utilizan, en qué situaciones, durante cuánto tiempo... Han venido para facilitarnos la vida y las necesitamos para muchas cosas. Otra cosa es que los utilicemos para aislarnos del mundo que nos rodea. Así que -recomienda-, o aprendemos a darles un uso adecuado, o estaremos como Don Quijote, luchando contra los molinos de viento».

Disociación del «yo» on line y el «yo» real

No obstante, hay un aspecto que a José Luis Sancho sí que le parece importante reseñar y es que «la disociación de personalidad que estamos sufriendo debido a la existencia de las redes sociales, donde todos tenemos un "yo" on line y un "yo" de las relaciones sociales, pero es una situación que afecta más a los adolescentes». Por este motivo, continua, «uno de nuestros grandes objetivos como sociedad debe ser conseguir que ambos sean el mismo. Es decir, ayudarles a integrar el uso de las tecnologías con quienes son ellos como personas».

Esto, prosigue Sancho, «es como reza el dicho: el rico genera riqueza y el pobre pobreza. De esta forma el chaval que es sociable, que tienes buenas relaciones, es capaz de generar su "yo" on line, además de tener muchos seguidores y mucho éxito, y el que no tiene esas habilidades se va a sentir mucho más aislado porque no va a tener esos seguidores».

 

La limpieza interior que hay que hacer cuando la pareja se rompe

El tiempo no lo cura todo, implicarse en hacer una buena 'desintoxicación' sentimental también es importante

pareja

 

En el tiempo del amor líquido, que pocas veces dura toda la vida, vamos acumulando relaciones y recuerdos, alegrías y desencantos, reliquias de nuestra vida sentimental que se acumulan en una mochila cada vez más pesada. Hay que aligerar el equipaje de vez en cuando, así que hacemos lo más cómodo: olvidar las huellas de las relaciones pasadas en los armarios de la vida sentimental, donde entran numerosas experiencias, pero muy pocas salen. Tarde o temprano, llega la hora de hacer limpieza y, quienes saben del asunto, aseguran que no hay mejor momento que tras una ruptura.

En el hogar, este proceso no pasa solo por tirar cosas, sino que también hay que aprender a colocar las que quedan, y lo mismo sucede en el terreno de las relaciones de pareja. La buena noticia es que hay un proceso para conseguirlo, y que todos podemos recurrir a él. Al fin y al cabo, si Marie Kondo ha conseguido convencernos en la televisión de que la mayor parte de los enseres que colman nuestros armarios estarían mejor en la basura, y enseñarnos a mantener el orden en el ropero, ¿por qué no iba a pasar lo mismo con los posos que deja la vida emocional? Eliminar lo que ya no nos hace falta y aprender a guardar solo lo estrictamente necesario es muy importante.

Limpiar el camino para una nueva relación

“Si imaginamos que nacemos con una mochila sobre la espalda y que a lo largo de la vida la vamos llenando de experiencias, emociones y conocimientos, es normal que el peso interfiera de vez en cuando en nuestro día a día”, reflexiona la sexóloga Lara herrero. Y la carga emocional es un factor muy importante que debemos tener en cuenta antes de iniciar una nueva relación estable, sobre todo cuando no nos oxigenamos entre relación y relación.

“No se puede disfrutar del presente viviendo en el pasado”, continúa la especialista. O sea, que “si deshacernos de un determinado objeto que relacionamos con nuestra expareja nos ayuda a superar la ruptura y conseguir ser más felices, adelante”, aconseja. Sin embargo, la vida no siempre es tan sencilla como la pinta Marie Kondo, y conviene no ser muy radicales en la limpieza de armario emocional. “Muchos recuerdos, objetos y vivencias con una expareja pueden haber determinado un comportamiento actual, un aprendizaje o una manera de ser. Renunciar a todo eso, también puede significar renunciar a nosotros mimos en cierta manera”.

Y la principal carga emocional no son las fotos o las entradas de cine de la primera cita. Lo que más pesa suele ser la autoflagelación, la culpa y el convencimiento de que volveremos a repetir nuestros errores. Sin embargo, predecir el futuro en función de las experiencias del pasado es una actitud tan común como errónea, advierte Herrero. “El hecho de que una relación pasada haya fracasado no significa que una relación futura también lo haga”, afirma la sexóloga.

El psicólogo Miguel Ángel Rizaldos añade que es habitual que “los miedos que se generan a que nos pueda volver a ocurrir la misma situación pueden llegar a bloquearnos, y así creer que lo mejor para no volver a pasarlo mal y sufrir es no volver a tener una relación de pareja”. Para no caer en este caos emocional, la clave está en afrontar la ruptura de la mejor manera posible. “Hay que vivir esas emociones de dolor y sufrimiento y no intentar bloquearlas”. Pero solo durante una primera etapa de duelo.

Las mujeres sufren más, pero se recuperan antes

Tras una ruptura adecuada, el primer paso para iniciar la limpieza del armario emocional es la aceptación. “Los estudios señalan que las personas que han sufrido un fracaso de pareja, para poder superarlo, necesitan entender nítidamente por qué terminó la relación”, explica el especialista. Se trata de algo así como averiguar dónde está realmente el desorden en nuestro armario para poder centrarnos en colocarlo todo en su sitio.

El siguiente paso pasa por cuidarse a uno mismo. Tal y como refleja el manual Enfoques positivos para el desarrollo óptimo de la relación de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, antes de pasar de una relación a otra es importante recomponerse a uno mismo y salir de la sensación de abandono. No obstante, como recuerda Rizaldos, “la persona debe ser paciente y permitirse una adaptación a su nueva vida, donde lo primordial es encontrar el bienestar superando el dolor causado”. Puede llevar unos meses.

Según un estudio publicado en Evolutionary Behavioural Sciences, el tiempo para superar una ruptura amorosa de media oscila entre seis meses y dos años, y varía según la resiliencia de cada persona, pero también según su sexo. Las mujeres sufren un mayor impacto emocional y físico tras la ruptura, pero también que se recuperan antes que los hombres. Muchos hombres, por el contrario, pese a no sufrir tanto tras la ruptura suelen iniciar su siguiente relación con su expareja aún en mente.

También hay que ordenar las amistades de Facebook

Guardamos ese tenedor de plástico de la ensalada por si nos vamos un día de camping, ese recuerdo de la primera cita con nuestro ex, por si algún día nos da la nostalgia. El armario emocional a veces tiene un reflejo físico, en forma de fotos, regalos y amistades en las redes sociales que deberíamos dejar en el pasado, si no queremos que nos ancle demasiado. A este respecto, Rizaldos revela que “las investigaciones sobre el cerebro muestran que la pérdida de la relación de pareja activa en el cerebro los mismos mecanismos que los de un adicto al que se le retiran las sustancias tóxicas”, de forma que pasa por algo parecido a un “periodo de abstinencia”.

En este periodo es esencial no buscar el contacto con la expareja, o regocijarse en fotos y objetos, como puede ser abrazarse a su ropa, aún con su olor. En el caso de las redes sociales, es mejor eliminar cualquier contacto, al menos por un tiempo. “Lo sano es reconocer y evitar que, aunque tengamos la impulsiva necesidad de contactar o espiar a través de las redes sociales, con ello estaremos avivando la adicción, ahondando aún más el dolor emocional que sentimos y retrasando nuestra recuperación”, insiste Rizaldos.

De hecho, un estudio realizado por la psicóloga Tara Marshall de la Universidad de Brunel, en Reino Unido, publicado en la revista Cyberpsychology, Behaviour, and Social Networking, concluyó que las personas que seguían siendo amigos en Facebook de su expareja tenían tasas más bajas de crecimiento personal. Y como cualquier persona hacendosa sabe bien, el crecimiento no siempre tiene que ser hacia afuera: hacer sitio en los armarios saturados es la mejor forma de aprovechar bien el espacio. A nivel emocional pasa lo mismo.

Cómo detectar a una persona manipuladora

Descubre los rasgos de una persona manipuladora. Te damos algunas herramientas y claves para detectar este tipo de personas.

Te damos las claves para detectar a la gente manipuladora

Te damos las claves para detectar a la gente manipuladora

 

De alguna forma, se puede decir que todos desde que nacemos intentamos manipular nuestro entorno. Los bebés lo hacen sin ser conscientes de ello, para poder sobrevivir y cubrir sus necesidades más básicas. Así, cualquier cachorro al nacer tiene unos rasgos físicos que lo hace ser adorable en su entorno y reclama la atención con sonoros lloros irresistibles al oído de sus adultos.

Esa facultad irá desapareciendo según vamos creciendo, para adquirir otras habilidades, pero hay personas que no solo la conservan, sino que además hacen una filosofía de vida de la manipulación para conseguir lo que quieren y en ocasiones utilizan esa facultad como arma peligrosa para los demás. Suelen ser personas que intentarán cambiar el modo de pensar de otras personas para beneficio propio.

 

Los psicólogos hacen distinción de las diferentes “presiones” que estas personas pueden ejercer a su “víctima”. Si la presión es muy grande es denominada perversión narcisista.

Esta perversión la ejecutan intentando convencer al otro de que cambie sus ideas, para su conveniencia, y lo hacen de forma muy sutil y que suele tener una efectividad arrolladora. 

 

Los manipuladores suelen tener el don de captar los puntos débiles de otras personas y recurrirán al chantaje emocional, al miedo y en ocasiones pueden llegar a tener conductas agresivas. 

¡Ojo! El miedo es un arma muy poderosa para la manipulación no sólo en personas individuales sino también para colectivos. Aprender a reconocer tus miedos es la primera fase para superarlos y así evitar, que los manipuladores se aprovechen de ellos.

Claro está que, dentro del grupo familiar, personal o íntimo es mucho más fácil que un manipulador despliegue sus redes. Y en este entorno, la persona manipulada puede estar toda la vida siendo víctima de su manipulador.

Una persona manipuladora puede llegar a alimentarse de la energía positiva de su manipulado/a y aunque aparentemente la persona manipulada necesite de ayuda psicológica para deshacerse del “parásito”, es el manipulador el que seguramente necesite de ayuda psicológica.

Pero hay que dejar claro que no todo el mundo sirve para manipular a las personas ni a todo el mundo le gusta hacerlo. Para ello hay que ser inteligente y tener buena memoria ya que se deben tener en cuenta muchos aspectos. Estos aspectos deben estar dominados a la perfección para que la manipulación sea efectiva y la persona manipuladora pueda conseguir su objetivo.

Todos alguna vez nos hemos topado con un manipulador/a y hay que tener una buena fuerza mental y una gran autoestima para no caer en su red.

Una persona manipuladora intentará que dudes de tus capacidades y que te sientas inferior a él o a los demás y su gran fortaleza es la facilidad de manejar las emociones haciéndote, en muchas ocasiones, tener un gran sentimiento de culpabilidad.

Como resumen podemos decir que las características de un manipulador son las siguientes:

  • Especialistas en detectar los puntos flacos de los demás.
  • Nunca se detienen hasta conseguir lo que quieren.
  • En sí, la manipulación es una fuerza poderosa y por ello, necesitan cada vez más de ese poder, por lo que pueden no tener límites. Es como una droga.
  • Son personas con necesidad de control y de superación (necesitan sentir que son superiores a los demás).

Pero no todos los manipuladores son iguales, hay una gran diversidad de ellos, aquí vamos a indicar las características de algunos.

El narcisista que desprestigia

Es una persona que cree en su perfección, nunca se equivoca así que siempre te hará sentir que estás equivocado y hará resaltar tus defectos.

El maquiavélico

Suele ser retorcido, cambia tus palabras o su sentido y conseguirá que desees no haber hablado, llegando incluso a hacerte sentir muy mal, pues se las arreglará para hacer ver que has hecho daño a otra persona. Puede conseguir que los demás también se lo crean.

El agresivo

Esta persona hace ver su fuerza con agresividad, por lo que consigue que los demás cedan a sus necesidades o deseos para ahorrarse el amargo trago de enfrentamientos físicos o verbales. Estos enfrentamientos le generan a la víctima un alto nivel de ansiedad al sentir esa amenaza inminente, siendo así más proclive a la manipulación. 

El “pelota”

Este manipulador se va a servir de ti subiéndote el ego y haciendo que te sientas superior. Consigue que hagas todo aquello que desea metiéndote en tu consciente la idea de que tienes que hacerlo ya que él es incapaz. Puede llegar a agotarte en la dura tarea de hacer todo lo que él no quiere hacer. 

Una pobre víctima de la vida

Reconocerás a este manipulador porque siempre te contará todo lo malo que le pasa, que por lo general es “todo”. Es la persona con menos suerte en esta vida y todos abusan de él. Se aprovechan de la lástima que sientes por él para obligarte a hacer lo que quieren. 

A estas alturas seguro que has reconocido a más de uno de tu entorno. 

Y es difícil pero prioritario para nosotros mismos reconocerlos a tiempo y apartarnos de ellos, o al menos conseguir no ser su víctima. Para ello deberemos siempre tener nuestras propias prioridades, defendernos emocionalmente e incluso si es necesario físicamente, saber decir “no” sin sentirnos culpables y sobre todo respetarnos a nosotros mismos más que a nadie.

Tenemos que notar conscientemente el intento de manipulación, no es que estemos siempre pendientes y de ser mal pensadores, pero sí haber ejercitado la idea de que tenemos derechos que no se deben traspasar o violar.

Si estamos seguros de nuestros derechos será más difícil que nos consigan manipular, y si nos sentimos menospreciados en alguna ocasión debemos reaccionar rápidamente poniendo las cosas en su sitio. 

Pensar es bueno siempre, así que antes de realizar alguna solicitud reflexiona, la gran mayoría de las manipulaciones se hacen con la presión del tiempo, el manipulador siempre intenta meterte prisa.

No hay que dejar que nadie invada nuestro espacio personal y con ello nuestras emociones, así nadie nos podrá hacer daño.

Sobre todo, y lo más importante si caes en las redes de un manipulador, no te sientas mal, lucha por salir de esas relaciones tóxicas y siempre pensando que tú no has tenido la culpa.

Y no dudes nunca de tus ideas, estos “ácaros sociales” son muy hábiles al interpretar la comunicación no verbal y utilizarán sus artes persuasorias para anularte.