Año 2018

Siete rasgos psicológicos del narcisismo que un narcisista nunca admitiría

Aprende a detectar cuándo el egocentrismo y la manipulación son fruto de una personalidad patológica

narcisista

 

Que no hagas terapia ni hayas pasado por la consulta de psicología no quiere decir que no tengas una personalidad narcisista, patológica a más no poder. Al fin y al cabo, ¿dónde ibas a encontrar un facultativo a tu nivel? "En algunos casos, cuando los narcisistas aceptan ir a terapia, la primera premisa es que el facultativo esté a la altura de sus expectativas, tiene que ser de reconocido prestigio y estar altamente capacitado para atenderlo", asiente el psicólogo sanitario José Elías Fernández. O lo que casi es peor. Quizá hay un narcisista a tu alrededor, haciéndote la vida imposible sin que puedas imaginarte cuál es la causa de sus delirios.

En ese caso, hasta que no aprenda a desarrollar la inteligencia emocional, consiga regular sus sentimientos y los de los demás, reconozca sus cualidades y capacidades en su justa medida, acepte las críticas, desarrolle una autoestima y tenga objetivos realistas, más vale que te andes con ojo. Los narcisistas pueden ser muy tóxicos. Pero les costará más esconderse si conoces todos los rasgos de una personalidad narcisista que los psicólogos han detallado para que no bajes la guardia.

Se creen superiores, pero no son nadie sin tu admiración

Los narcisistas son arrogantes y prepotentes, y no lo son por casualidad. Se creen únicos, especiales, dueños y señores de una existencia maravillosa que está muy lejos de la que los demás podrían siquiera imaginarse. "Este concepto grandioso de su personalidad y de su vida les lleva a pensar que no se pueden relacionar con cualquiera, que deben buscar personas de su categoría", explica Fernández, miembro del Colegio de Psicólogos de Madrid. "De ahí que la mayoría de las personas signifiquen muy poco para ellos", añade.

Curiosamente, sí son conscientes de sus defectos, y algunos incluso saben que exageran sus capacidades muy por encima de la realidad. "Por eso necesitan ser admirados constantemente", señala Fernández. Lo malo es que, en su afán por sobresalir, exageran sus logros hasta un límite tan estratosférico que se convierten en personas enojosamente competitivas. "Son los únicos que consiguen triunfos en la vida (otros los alcanzan y ni lo saben), los demás no están a su altura, y se fijan en lo negativo de las personas a su alrededor" para destacar por comparación, señala el psicólogo.

También piensan que sus experiencias tienen más valor que las de los demás, y sienten que deben constituir el ejemplo para aquellos que los rodean. No lo hacen por dar consejos sino para ser el centro del discurso. Eso provoca que sus relaciones sociales se deterioren y necesiten nuevos contactos que les admiren, aunque, con el tiempo, modulan el discurso al asumir que generan rechazo.

Tienen la misma capacidad de escuchar que las piedras

El mundo de los narcisistas es pequeño, se limita a lo que ellos piensan y hacen, en su cabeza solo caben ecos de sus propios pensamientos. "No escuchan a los demás porque no les importan nada. La avidez de admiración les lleva a creer que todo en su vida es excepcional, no existen hechos normales, su existencia es maravillosa, está plagada de triunfos y notoriedad", describe Fernández.

La mentira es uno de los andamios de los narcisistas, pero sus historias son lejanas, difíciles de confirmar

Sin embargo, en sus relaciones personales y sociales impera la envidia, tanto la que sienten por los éxitos ajenos como por la que creen que los demás tienen por sus logros. La cautela es la norma si un narcisista se acerca a ti, pues si tienen que apoyarse en sus compañeros para sobresalir, no dudarán en hacerlo.

Son los peores camaradas que uno pueda tener porque su falta de receptividad los hace incapaces de ayudar a los demás. "En situaciones como ir de viaje, cuando se hace con alguien a quien no se conoce bien, hay que tener cuidado porque afloran muchas personalidades. Las narcisistas nos la pueden jugar en cualquier momento", advierte el experto.

El éxito ilimitado, esa fantasía sobre la que cabalgan

Formarse una realidad paralela también es uno de los rasgos identificativos de los narcisistas. "La mayor parte del tiempo no viven en la realidad. Sus conceptos erróneos sobre sus capacidades los introducen en un mundo de fantasías y de poder sobre los demás. Lo único que hacen, con la esperanza de alcanzar el éxito a toda costa, es engañarse a ellos mismos y a los demás", reflexiona Fernández.

Las personas narcisistas solo pueden alcanzar el objetivo con una imaginación desbordada. "Suelen mentir. Un clásico es que te hablen de cosas lejanas que nunca podrás comprobar, pero cuanto más se engañan a sí mismos, más se lo creen. Con su fantasía ilimitada maximizan y rentabilizan lo bueno, que en buena parte se han atribuido de otros", destaca el psicólogo. Todos mentimos, pero no más de dos veces al día, la cifra que marca cuándo podría ser un problema. Por supuesto, no les hagas caso si te echan la culpa, en la vida del narcisista el fracaso siempre pertenece al mundo exterior.

Ocultan sus emociones, sobre todo su vulnerabilidad

"Si alguien cercano a un narcisista está pasando un mal momento, no le hará el mínimo caso. Pero cuando ellos se sienten mal sí buscan que los demás le brinden su apoyo", explica Fernández. Su problema es que, al pretender situarse en el centro de gravedad de sus relaciones, están despojados de empatía, y eso les impide ponerse en el lugar de los otros. Pero suelen ser vulnerables.

Lo que pasa es que los narcisistas sienten la necesidad de esconder sus defectos a toda costa, y convierten su inseguridad en una falsa fortaleza cuyo objetivo es que nadie pueda hacerles daño. "Para conseguir no mostrar su vulnerabilidad harán todo lo que sea necesario, como hablar excesivamente, reconducir las conversaciones, menospreciar a los demás, señalar sus defectos... todo con tal de no mostrarse débiles", recalca el profesional.

Son adictos al control... y no solo a eso

Los narcisistas no pueden mantener las manos lejos del timón. "Quieren que nadie pueda desvelar su inseguridad y su falta de autoestima", y por eso tratan por todos los medios de llevar cada situación a su terreno, señala Fernández.

Al contrario de lo que se piensa, los narcisistas huyen de las redes sociales porque no tienen control sobre ellas

Suele decirse que las redes sociales son un campo abonado para el narcisismo, pero la afirmación no es del todo correcta. El carácter visual y estético de estas plataformas puede intensificar su conducta, pero no es un escenario cómodo para ellos porque es un mundo que no pueden controlar. "Su personalidad no tolera las críticas, y al final salen de la red social porque no la aguantan", añade el psicólogo clínico Jorge Barraca. Además, son incapaces de asumir la cruda realiad, que los selfies que se publican en las redes no le interesan a nadie.

Una vía frecuente para compensar los sentimientos de dolor o frustración son las adicciones, ya sea hacia las compras, el alcohol, otras drogas, el deporte, el sexo o el juego. "La adicción, que interfiere en su vida personal, laboral y social se relaciona con la necesidad de sentir euforia constantemente y amortiguar el malestar, porque la persona narcisista no puede consentir que en su vida haya dolor, siente intolerancia al apagamiento y la tristeza", explica Barraca.

Si se hacen contigo serás su marioneta

Si mirásemos los contactos de la agenda de un narcisista, apunta el psicólogo clínico Barraca, veríamos que el criterio para clasificarlos distingue a quienes les pueden servir de los que no. "Los narcisistas suelen aprovecharse de los demás. Lo hacen, por ejemplo, con personas bien posicionadas para ganarse su confianza. Esto suele pasar mucho en política. Echan mano de asesores que les ayudan a ascender y se apropian de los aciertos de los que le rodean para ascender", describe el profesional.

Y es que los narcisistas dominan el sutil arte de llevar a su terreno tanto a las personas como las situaciones, impidiendo el libre fluir de los acontecimientos. Siempre están al acecho, prestos a reconducir a quienes intenten decir o hacer algo que no les guste, o que no les permita manifestar su grandiosidad y poder frente a los demás. Amigos de este tipo solo traen problemas, todos los días, pues siempre se sitúan por encima de ti, constantemente quieren rebajarte e intentan que sirvas a sus propósitos.

Un narcisista nunca se identifica como tal

Si tras leer todas estas características piensas que lo mejor que puedes hacer es llamar a la consulta del psicólogo más caro de tu agenda, puedes estar tranquilo. Un auténtico narcisista nunca se identificará con estos rasgos. "Para la persona narcisista, las aspiraciones nunca son desmedidas. Si son el centro de atención, es porque lo merecen. Para esas personas es ridículo intentar identificarse con estos puntos", indica Barraca.

 

¿Una bofetada a tiempo? Por qué el castigo físico a los niños siempre es una mala idea

Tras revisar miles de estudios, investigadores concluyen que la violencia corporal, por leve que sea, tiene consecuencias negativas para el futuro de los menores en diversos aspectos de su vida

Foto: Una papelera en el Hospital de Muñecas de Sídney. (Reuters)

Una papelera en el Hospital de Muñecas de Sídney. (Reuters)

 

 

¿Hasta dónde es aceptable que una madre o un padre recurran al castigo físico para educar a sus hijos? ¿Es justificable un azote o una bofetada de vez en cuando? ¿Hacen algún mal? ¿Hacen algún bien? Quien más, quien menos habrá discutido sobre ello alguna que otra vez o se habrá visto en la tesitura de tener que decidir cómo actuar.

Más allá del debate social y de las restricciones que imponen las leyes, en las últimas décadas numerosas investigaciones han abordado las consecuencias que tiene cualquier tipo de violencia sobre los niños, por leve que sea. Ahora, psicólogos estadounidenses acaban de publicar un artículo en la revista 'American Psychologist' que revisa los estudios sobre esta cuestión y sus conclusiones son contundentes.

 

"Existe una amplia evidencia de que el castigo físico pone a los niños en riesgo de sufrir daños físicos y emocionales, así como problemas de salud mental, de conducta y cognitivos", afirma en declaraciones a Teknautas Elizabeth Gershoff, profesora de psicología del desarrollo de la Universidad de Texas.

Esta misma investigadora ya lo dejaba claro en un metaanálisis publicado hace dos años que incluía 75 estudios realizados a lo largo de más de 50 años, 13 países diferentes y los casos de más de 160.000 menores. Sin embargo, otros expertos critican la investigación sobre el castigo físico argumentando que no hay pruebas suficientes para sacar conclusiones sobre causas y efectos. Por eso, Gershoff y sus colegas contraatacan ahora con más datos.

La lista de efectos negativos que encuentran en los estudios impresiona. Al contrario de lo que busca el adulto que pega a un menor, el castigo incrementa las conductas no deseadas; aumenta el riesgo de que cometa agresiones cuando sea mayor, tanto con sus propios hijos como con su pareja, y genera más conductas delictivas y antisociales. En la literatura científica, también se relaciona con problemas de ansiedad y depresión, abuso de alcohol y drogas y problemas de salud mental en general.

“Esperamos que nuestro trabajo pueda ayudar a disipar los mitos y convenza a algunas personas de que la investigación que muestra que el castigo físico resulta dañino es consistente”, señala la psicóloga de la Universidad de Texas.

Su reto es hacer llegar los resultados de sus investigaciones a las familias. Una publicación de Unicef recogía en 2014 que el 80% de los niños del mundo de entre dos y 14 años ha recibido algún tipo de castigo físico.

España: prohibido, pero 'aceptado'

En el mapa de los castigos corporales a menores, España aparece entre los países que los han prohibido por completo —la mayoría pertenecen a Europa y a Sudamérica—, aunque la medida es muy reciente, de 2007.

Quizá por eso la idea aún no ha calado por completo. Más del 38% de los españoles ven aceptable en mayor o menor medida la violencia hacia los niños, según un estudio publicado este año por la revista 'Children and Youth Services Review'. En Noruega, esa cifra se queda en el 13%.

Más del 38% de los españoles ven aceptable en mayor o menor medida la violencia hacia los niños

Sagrario Segado Sánchez-Cabezudo, científica de la UNED y autora de este trabajo junto con otros colegas europeos, lamenta que “los españoles somos más permisivos, aún hay un gran porcentaje de la población que ve saludable un bofetón o un azote”. Aun así, considera que en los últimos 40 años se ha vivido “una revolución” que ha cambiado la mentalidad, cuya guinda fue la prohibición de hace 11 años.

Las leyes, por delante

“Las leyes son lo más importante, no solo porque limitan sino porque nos hacen preguntarnos el porqué de las cosas y así contribuyen a que las asimilemos. Ocurrió lo mismo con el tabaco”, comenta. No obstante, reconoce que culturalmente el cambio es más lento.

 

Niños en una protesta contra la violencia doméstica en Estambul. (Reuters)
Niños en una protesta contra la violencia doméstica en Estambul. (Reuters)

 

Por otra parte, reconoce que se vio sorprendida por un dato muy positivo del estudio: los investigadores pensaban que habría un sesgo hacia los niños inmigrantes, que los participantes rechazarían más los castigos corporales hacia la población infantil autóctona que hacia los extranjeros. Sin embargo, no fue así en ningún país. "Parece que el concepto de ser niño es un valor superior a la procedencia", afirma Sagrario Segado.

Por eso resulta aún más paradójica la naturalidad con que se acepta socialmente que se puede ejercer la violencia sobre los más vulnerables. “En el fondo, creo que se pega una bofetada simplemente porque, a diferencia de un adulto, sabes que el niño no te la va a devolver, pero es más un desahogo que una medida educativa”, apunta.

Alternativas disciplinarias

Su colega Gershoff hace la misma reflexión: "No creemos que sea aceptable golpear a los adultos, pero por alguna razón la mayoría de los adultos en todo el mundo piensan que está bien golpear a los humanos más pequeños y más vulnerables. Necesitamos ayudar a los padres a ver que los niños también son personas y que no deberían ser golpeados".

Muchos creen que el castigo físico les enseñó a distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, por lo que lo perpetúan con sus hijos

En su opinión, sería necesario educar a los padres en "alternativas disciplinarias", ya que "siguen aplicando la disciplina de la misma forma que la recibieron de sus progenitores, y así se transmite a través de las generaciones", reconoce. "Muchos creen que el castigo físico les enseñó a distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, por lo que lo perpetúan con sus hijos aunque esa idea no se corresponda con su propia experiencia individual", añade.

 

¿Somos todos bisexuales? La escala de Kinsey y otros test que revelan tu verdadera orientación sexual

DIEGO BERMEJO

 

¿Somos todos bisexuales? INK DROPSHUTTERSTOCK

 

Partiendo de la premisa de que el reduccionismo rara vez ofrece respuestas precisas sobre asunto alguno, no es de extrañar que algunos investigadores, como el polémico biólogo estadounidense Alfred Kinsey (1894-1956), se plantaran en su momento para cuestionar primero y desmontar después algunas tesis que venían siendo defendidas temerariamente desde tiempo inmemoriales.

En el caso de Kinsey, su gran lucha tuvo como contrincantes a los defensores de las teorías monosexuales, quienes venían limitando la sexualidad humana al binomio homosexualidad / heterosexualidad. Al hacerlo, no sólo negaban la bisexualidad, sino también todo el espectro gradual existente entre estas dos orientaciones, un abanico que Kinsey acabaría plasmando en su famosa gráfica.

Tras más de 10 años estudiando la conducta sexual del ser humano durante los que pudo constatar la enorme diferencia entre las actitudes sexuales y las prácticas reales, el biólogo llegó a la conclusión de que existían, al menos, siete grados diferentes de comportamientos sexuales.

Más allá de dar visibilidad a la bisexualidad, limitarse a hablar de ella utilizando un trazo grueso y obviando su complejidad tampoco servía para explicar la realidad sexual que vive el hombre. Porque si algo parecía haber quedado confirmado tras examinar las experiencias de miles de sujetos de estudio es que la sexualidad es mucho más dinámica de lo que algunos de sus colegas habían contemplado hasta entonces.

Según Kinsey, la orientación sexual se podía dividir, cuando menos, en estos siete grados, que tenían en cuenta la vida carnal de cada sujeto, sus gustos, sus preferencias y sus actitudes ante el sexo:

  1. Exclusivamente heterosexual.
  2. Principalmente heterosexual, con contactos homosexuales esporádicos.
  3. Predominantemente heterosexual, aunque con contactos homosexuales más que esporádicos.
  4. Bisexual.
  5. Predominantemente homosexual, aunque con contactos heterosexuales más que esporádicos.
  6. Principalmente homosexual, con contactos esporádicos.
  7. Exclusivamente homosexual.
  8. Asexual o individuo que no presenta atracción sexual.

A tenor de las 17.000 entrevistas realizadas tanto por Kinsey como por sus tres colaboradores entre 1938 y 1956, se llegaba a una serie de conclusiones que ponían fin a muchos mitos y creencias vigentes sobre las conductas sexuales:

-El 11,6% de los varones blancos entre 20 y 35 años manifiestan un rango de 3 para este periodo de sus vidas.

-El 7% de las mujeres solteras entre 20 y 35 años y el 4% de las casadas entre 20 y 30 años daban un rango de 3 para este período de sus vidas. Del 2 al 6% de las mujeres entre 20 y 35 años se colocaban en un grado de 5. Del 1 al 3% de las solteras entre 20 y 35 tenían un rango de 6.

-El 60% de los hombres y el 33% de las mujeres participaron al menos en una práctica homosexual manifiesta hasta los 16 años de edad.

Test para medir tu verdadera orientación sexual

Más allá de la caducidad de unos porcentajes que ya alarmaron en su momento a la sociedad estadounidense y que, a buen seguro, no han dejado de aumentar desde el inicio de la revolución sexual, lo cierto es que la escala Kinsey sigue dando mucho que hablar. Su influencia ha sido tal que, a día de hoy, se tiene constancia de la existencia de más de 200 escalas elaboradas expresamente para calibrar, con la mayor precisión posible, la orientación sexual de cada individuo. Algunas de las más famosas, además de la de Kinsey, son la de Storm o la de Klein.

Pese a los muchos test que pululan por la red bajo el nombre de Kinsey scale test, lo cierto es que no existe ningún cuestionario oficial. Y es que, para la asignación de un grado u otro de la escala a sus sujetos de estudio, tanto el doctor como sus colaboradores tenían en cuenta únicamente el historial de cada individuo.

Uno de los más conocidos -y que además tiene una versión en español- es el que plantea uno de los seguidores de Kinsey, el Dr. Robert Epstein, que asegura que "la mayoría de las personas experimentan algún grado de atracción hacia personas del mismo sexo en algún momento. En una sociedad completamente libre de estigma de orientación sexual, la mayoría probablemente sería bisexual, como sugirió Freud hace un siglo".

Una controvertida tesis que el sociólogo e investigador de la Universidad de Cornel, Ritch Savin-Williams, se habría encargado de corroborar hace unos pocos meses. Tras analizar los niveles de excitación de un grupo de voluntarios sometidos a distintos estímulos, tanto homosexuales como heterosexuales, Savin-Williams llegaba a la conclusión de que "ninguna persona es 100% heterosexual ni homosexual".

"El sexo es igual que la comida". Consejos de los terapeutas para que todo funcione bien

Siete prestigiosos expertos en hábitos sexuales te dan las recetas para volver a recuperar el deseo y la conexión con tu media naranja

Foto: ¿No quieres tú? ¿No quiere él? ¿O ninguno de los dos? (iStock). ¿No quieres tú? ¿No quiere él? ¿O ninguno de los dos? (iStock).

 

08.06.2018 – 05:00 H

 

La terapeuta sexual Kimberly Resnick Anderson trabaja con parejas que han estado atrapadas en matrimonios sin sexo durante meses, años o incluso décadas. Aunque pensemos que el sexo no es tan importante, siempre es un gran medidor de los niveles de pasión y deseo que existen entre los miembros de una pareja. Si es tu caso, ¿qué puedes hacer? Lo mejor, obtener ayuda de un profesional.

'The Huffington Post' ha recopilado los consejos de varias terapeutas sexuales que te pueden servir para no dejar que tu relación se seque y muera por la inercia o la falta de sexo. "Una vez que una pareja deja de tener relaciones o lo que es más importante, deja de valorar el sexo como parte esencial, todo se convierte en una pendiente rápida y resbaladiza hacia el olvido y el fin", asegura Resnick Anderson, profesora asociada de psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Los Ángeles.

Si eres consciente del descenso de la frecuencia con la que os acostáis pero crees que el otro no, es mentira

Abordar el tema con tu pareja puede tener un efecto negativo, ya que reconocer la existencia del problema, además de hacerlo patente, puede agrandarlo más. "Es muy útil contar con alguien que te guíe en delicadas discusiones y te dé estrategias concretas para volver a encarrilar tu vida sexual", afirma Vanessa Marein, creadora de un curso de orgasmos en línea para mujeres. "Una vez que has llegado a un lugar oscuro en tu relación, es difícil salir de eso por cuenta propia. Debes pedir ayuda".

Es una cosa de los dos

Aunque puedas llegar a pensar que solo se trata de una mera sensación tuya, no es cierto. "Si eres consciente del descenso de frecuencia con la que os acostáis pero crees que el otro no, es mentira", asegura la terapeuta Kimberly Resnick Anderson. "A pesar de que creas que estás sola en esto, es muy posible que tu pareja esté pasando un proceso paralelo".

 

Más difícil cuanto más tiempo pase

"Cuanto más tiempo pases sin sexo, más sentirás que no estás interesado en él. También funciona en el sentido contrario. El sexo es el mejor afrodisiaco. Mientras más sexo tengas, más sexo quieres". Estas son las conclusiones que saca Tammy Nelson, autora de 'Getting the Sex You Want'. "Tener relaciones puede poner en marcha tu motor de nuevo, permitiendo que tu cuerpo comience a producir más hormonas sexuales que puedan recordarte que te gusta el sexo, disfrutar haciendo el amor y querer hacerlo con más frecuencia".

Tener relaciones sexuales regularmente tiene muchos beneficios, tanto físicos como emocionales

Cuanto antes lo plantees, mejor

"Trabajo con parejas todos los días que tienen dudas sobre cómo sacar el tema a colación. Si lo mencionaron, generó conflictos, y finalmente dejaron de mencionarlo", comenta de nuevo Anderson. "Las parejas confabulan en silencio. Deciden que es más fácil no tener nada de sexo con tal de lidiar con los sentimientos heridos y discusiones impredecibles. Intervenir antes de que el problema cobre vida propia es la clave. Una forma de mencionarlo es decir que valoras tanto la salud sexual como el bienestar general. Recuerda ante todo que tener relaciones sexuales de forma regular posee muchos beneficios, tanto físicos como emocionales".

Fuera excusas

"Montamos excusas de todo tipo. Cuando experimentas un deseo bajo, tu excusa puede ser que no te sientes sexy, estás cansado o simplemente no estás de humor", afirma Shannon Chavez, psicóloga y terapeuta sexual. "Estas son la clase de excusas que te impiden experimentar. El deseo no comienza a un ritmo acelerado, sino que va de menos a más. El deseo es más receptivo que espontáneo. Da un pequeño paso hacia él todos los días. Establece un hábito diario dedicado solamente a satisfacer su impulso sexual".

 

¡Siempre se queda dormido! (iStock)
¡Siempre se queda dormido! (iStock)

 

Una noche romántica

"Una forma de volver a activar un matrimonio asexual es planear una cita erótica", asegura Tammy Nelson. "Quizás tengas miedo de que la noche no esté a la altura de tus expectativas. Está bien. De hecho, es posible que no desee volver a tener relaciones sexuales en absoluto", bromea. "La primera cita puede valer solamente con acostaros desnudos en la cama y tocaros. No tienes que hacerlo todo, solo conectar. Da el paso y disfruta del proceso".

Lo variado es la sal de la vida

"La mayoría de las parejas tienen dificultades para solo desear un tipo muy específico de sexo", valora Shannon Chavez. "El sexo es como la comida. Si tuviéramos que comer lo mismo todo el rato, empezaríamos a perder nuestra motivación y ansia por comer. Necesitamos crear una vida sexual variada para que el sexo sea emocionante y gratificante. Una de las principales razones por las que las parejas no hacen el amor es porque para ellos se ha vuelto rutinario, aburrido y predecible. Necesitamos emoción, diversión y misterio para activar nuestro deseo".

 

Chavez recomienda establecer "tres menús eróticos distintos" e ir alternando. "Hablar de sexo a menudo puede fomentar la conexión con tu pareja. Empezad despacio y sin agobios, al final de la semana compartid lo que más disfrutastéis de esa nueva aventura sexual rompedora".

El mindfulness

"Antes de hacerlo, tómate un momento para estar desnudos en la cama sin hacer nada. Presta atención a su estado físico y emocional, su respiración, los puntos de contacto entre su cuerpo y las sábanas. Todo eso es importante", asegura Stephen Snyder. "Ese estado en que prestaas plena atención a todo lo que hace es el que antecede al deseo sexual. Un poco de atención antes de tener relaciones puede conseguir que el sexo fluya y parezca más natural y menos estresante".

Sexo: la 'regla del sándwich' con la que obtendrás lo que buscas

Megan Luscombe explica lo que debes hacer para llegar al clímax con tu pareja. Si realmente quieres disfrutar debes seguir su consejo

Foto: ¡Alegría! (iStock) ¡Alegría! (iStock)

 

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Al tratar de preguntarle a tu pareja qué es lo que no le está satisfaciendo en la cama, hay una serie de cuestiones incómodas que a menudo surgen en el dormitorio. Desafortunadamente, no todos saben cómo plantear qué es lo que quieren, ni tampoco conocen la mejor manera de abordar sus dudas.

'The Daily Mail' se puso en contacto con Megan Luscombe, experta australiana en relaciones para saber cómo abordar este tipo de situaciones. ¿Su principal consejo? Hablar y usar la 'regla del sándwich' para obtener los resultados que quieres.

 

 

Sincérate

"Diles cómo, qué y dónde lo quieres. Las mujeres deben dejar de esconderse detrás del diálogo, 'saber lo que les gusta y liderar una comunicación honesta ", explica Megan. "Si quieres tener buen sexo, debes trabajar en él. Si deseas que tu pareja te haga llegar al orgasmo, debes mostrarle cómo", añade.

Cuando se trata de preguntarle ciertas cosas a tu pareja, hay un lenguaje que debes usar: deja los comentarios mezquinos o inútiles

Por supuesto, una cosa es la teoría y otra la práctica, pero no todos saben cómo expresar sus deseos. La experta recomienda que comiences tus proposiciones con cosas como: "Me encanta cuando me haces esto" o "Adoro tener sexo contigo, pero realmente me encantaría que lo hicieras de tal forma...". Si buscas algo diferente en el dormitorio, ella explica que la única forma de lograrlo es siendo franco y honesto con tu pareja.

 

"El sexo no da miedo, no debemos sentir vergüenza de expresarnos. A veces tenemos demasiado miedo de decir lo que queremos hacer. Fuera complejos, todo es mucho más fácil y placentero cuando la otra persona sabe cómo complacerte", comenta.

"Habla con tu pareja, ellos apreciarán tu sinceridad. Después de todo, quieren que disfrutes y tengas el mejor sexo con ellos. Solo con ellos. Entonces menciona qué deseas cambiar para ver qué más te hace sentir bien. Si intentas expresarle que lo que practica no le está funcionando, debes decírselo sin pudor". añade.

Cosa de dos

"Por ejemplo, di: 'Me encanta cuando me abrazas porque me hace feliz que quieras complacerme, pero me encantaría que te centraras más en..., 'de esta forma puedes llegar al clímax y disfrutarlo aún más. Obviamente no queremos herir los sentimientos de nuestra pareja, pero tampoco debemos seguir teniendo relaciones sexuales negativas o juegos preliminares que no nos gustan. Decirle al otro la verdad es importante, pero el tacto también", explica la experta.

Las mujeres deben dejar de esconderse detrás de la excusa 'tienen que saber lo que me gusta'

Luscombe asegura que la manera más fácil de obtener lo que quieres en el dormitorio es simplemente pedirlo. Para disfrutar al máximo debes empezar una conversación y ser honesto y sincero. Una vez que eliminas el miedo, ya estarás listo. Si quieres preguntarle lo que quiere, tienes que hablar sobre sexo. Es simple: '¿Qué es lo que realmente te gusta? Me encantaría saberlo para conseguir que disfrutes al máximo'.

 

Cuando se trata de preguntarle ciertas cosas a tu pareja, hay un lenguaje que debes usar: 'Esto lo practicas mal, odio cuando haces este tipo de comentarios o no tienes idea de lo que estás haciendo' , definitivamente deben desaparecer de tu vocabulario. Cuando se trata de relaciones sexuales, necesitamos palabras positivas. Mi regla empírica es que si no deseas que alguien te haga un determinado comentario, probablemente sea mejor que tú no lo hagas tampoco. No debes decir nada que sea degradante e innecesariamente mezquino o inútil", concluye.

 

Cómo afrontar las peleas cotidianas

ISABEL SERRANO-ROSA 

 

El conflicto es universal y cotidiano. Una experiencia con la que convivimos a diario. Pueden ser disputas con una causa real donde los unos y los otros encuentran razones de peso para pelearse. Otros rifirrafes son imaginarios, nutridos de malentendidos, interpretaciones y de "donde dije digo, digo Diego". Los hay inventados, conflictos mentirosos que quieren obtener algo a cambio. Y están las peleas de los niños que sólo ellos entienden, como dos enanos que llegaron a las manos cuando uno «insultó» al otro al grito de "eres un tomate, tomate y tomate". ¡Un inexplicable agravio vegetariano!

Relaciones y conflictos son las dos caras de la misma moneda. Cuando las personas funcionamos al unísono somos capaces de alcanzar cualquier meta. Pero un día surge el elemento común de toda disputa: las diferencias. Las semillas de los conflictos interpersonales. La división se produce por tener personalidades diferentes, divergencias en intereses, disparidad de opiniones, ideas contrapuestas sobre cómo hacer las cosas o diferentes criterios al tomar decisiones. Conflictuar es una forma de expresar la propia identidad.

Los grandes conflictos detonan por las creencias y valores, donde la diversidad se convierte en amenaza al grupo. Son los conflictos intergrupales, donde cada uno se retroalimenta con sus prejuicios para situarse contra el otro. Otros surgen por la frustración cuando las circunstancias no son propicias. Son conflictos ambientales, cuando la realidad no permite alcanzar nuestros sueños. Muchas veces la contienda es contra uno mismo. Luchas internas que manifiestan la propia necesidad de cambio. Son conflictos intrapersonales con deseos contrapuestos que buscan modificar una situación existente que ya no convence. Pero no crea que la ausencia de conflictos debe considerarse un síntoma de salud relacional. Muchos permanecen latentes y, cuando llega el momento preciso, se hacen patentes.

RESPONDES O REACCIONAS

El psicólogo Albert Bandura evidencia que el estilo de afrontar los conflictos tiene que ver con los procesos de aprendizaje, a través de la imitación y la identificación. En un experimento observaron que los niños que vieron una película en la que había adultos comportándose agresivamente, posteriormente experimentaban reacciones agresivas parecidas, mientras que los que no habían sido expuestos no las presentaban. Existen cinco estilos de enfrentar el conflicto:

1. Estilo evitativo. "No me pasa nada" o "no me importa" están en su catálogo de frases preferidas, después se encierran en su hermetismo pero no aprenden a resolver problemas. Psicosolución: si se encuentra ante una persona así, aprenda a manejar los silencios y no hablar por ella. Utilice la técnica del diálogo en cremallera:comenzar una frase y dejar que el otro la concluya «esta mañana has estado en...(silencio)».

2. Estilo competitivo. "Y yo más" es su actitud ante cualquier desavenencia y, a partir de ese momento, su energía se dirige a imponer su criterio porque «sus conocimientos son siempre mayores que los suyos". Psicosolución: pospón la solución del conflicto y recoge más información o busca la de un experto. No intentes quitarle la razón, pero sí defiende la tuya.

3. Estilo hostil. "Yo tengo razón, cambia tú" es su mensaje. Desean ganar, pero, sobre todo, necesitan saber que usted pierde, por lo que es imposible cualquier diálogo. Psicosolución: pide que transforme las acusaciones en peticiones, es mejor "quiero que laves los platos» a «no haces nada en la casa".

4. Estilo sumiso. "Lo que tú quieras" es su frase. Su manera de afrontar un conflicto es asumir la posición del otro porque no quiere tener que elegir entre dos opciones. Psicosolución: intenta que sea él quien ofrezca primero su opinión, así no podrá asumir la tuya y valora sus aportaciones.

5. Estilo cooperativo. "Juntos podemos" es el mensaje de las personas que buscan soluciones compartidas. Afrontan los conflictos a través del diálogo. Su visión es la de «gano más, si todos ganamos». Psicosolución: si deseas desarrollar un estilo cooperativo necesitas desarrollar la inteligencia social, que favorece las relaciones positivas: 1. manejar los propios sentimientos; 2. desarrollar la escucha activa; 3. empatizar; 4. aceptar al otro sin juzgar y 5. admitir que está equivocado.

Freud sostenía que los únicos métodos eficaces para combatir la guerra son reforzar los vínculos emocionales, mediante el amor hacia los demás y la identificación a través de compartir intereses. Hoy sabemos que las emociones positivas ayudan a resolver conflictos porque miran al futuro y buscan soluciones. Las diferencias enriquecen. Y tú qué prefieres, ¿tener razón o ser feliz?

Isabel Serrano-Rosa es psicóloga de EnPositivoSí.

¿Por qué somos infieles?

ANA SIERRA 

 

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Deslealtad es quizá la primera palabra que nos viene a la mente cuando hablamos de infidelidad porque, seamos sinceros, a nadie le gusta que le engañen. Menos aún si eres la última persona en enterarte.

Y precisamente para que no te enteres, se planean coartadas, no especialmente ingeniosas. La frase favorita entre los hombres parece ser "tengo que trabajar tarde", utilizada en un 23% de los casos de infidelidad. Y, entre las mujeres, las amigas son la clave pues parece que el 21% de las mujeres que se encuentran con su amante utilizan típica frase "saldré con mis amigas", según una encuesta de Ashley Madison, conocida red social de contactos, dirigida principalmente a personas que ya tienen una relación. Pero quizá a muchos no les sirvieron cuando se jaqueó esta empresa y salieron a la luz numerosos nombres de conocidos infieles. Sin duda, las cosas se ponen más difíciles para los que gustan de amantes en la era tecnológica.

Aún así, el 81% de los hombres y el 53% de las mujeres, afirman haber sido infieles, según la encuesta realizada por la empresa de colonias con feromonas Phiero ( link a http://phiero.com/es/encuesta-phiero# ) Esto teniendo en cuenta que los españoles no somos los más infieles pues ocupamos el octavo puesto en cuanto a infidelidad mundial, según The Richest ( link a https://www.therichest.com/rich-list/most-shocking/the-worlds-10-most-adulterous-nationalities/?view=all ) , que cruzó datos entre encuestas realizadas por Durex (www.durex.es) y páginas de citas, como la anteriormente citada.

Los tailandeses encabezan el ránking de infidelidad mundial al ser lo que, en mayor medida, admiten haber mantenido relaciones fuera de la pareja, un 56% de los encuestados. Y aún siendo los octavos, el 39% de los adultos de nacionalidad española reconocen haber sido infieles. ¿Seremos sinceros?

¿Qué nos empuja?

Es habitual que pensemos que la infidelidad responde a un acto egoísta, una pasión incontrolada, una venganza o que existe maldad bajo ese comportamiento, pero no suele ser así. La frustración, la necesidad de sentirse amado o amada, la búsqueda de afectos o simplemente el desamor, pueden estar también debajo de esta situación.

Cada pareja es un mundo y que alguien decida mantener una relación fuera de la pareja es, generalmente, multicausal, muy difícil de determinar e injusto poner a todas las personas e historias la misma etiqueta.

Comentar que la fidelidad es una construcción cultural, aunque haya muchas personas que son fieles y les sale naturalmente, quizá sea poco aceptado por la sociedad. Sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de nosotros es muy probable que hayamos sufrido alguna, aunque no lo sepamos. Lo cierto es que la infidelidad suele doler o picar, cuando se conoce, ya sea carnal o emocional.

Muchas coinciden en que a la hora de perdonar la infidelidad, resulta mucho más sencillo hacerlo con una carnal y puntual, que conseguirlo cuando de algo continuado con componente afectivo y emocional se trata, lógicamente. Aunque cada persona ha de determinar qué desea, y a quién, para poder tomar la decisión que más conviene a ambas partes de la pareja.

La falta de comunicación en la pareja, de autoestima y de cuidado de la relación son factores protectores de la fidelidad, pero no son infalibles. Existen personalidades con mayor o menor tendencia a la búsqueda de sensaciones o a necesitar emociones nuevas que mueren con la rutina, o incluso podrían ser la infidelidad un síntoma del estrés e incluso realizarse de manera compulsiva, en algún caso.

También se puede pensar que la infidelidad está en nuestros genes o la culpable es la testosterona pero, sintiéndolo mucho por aquellas personas que lo utilicen en su defensa, no solo no está demostrado científicamente sino que, de ser así, en ningún caso sería determinista para elegir hacerlo.

Existen también otras teorías que podrían alejarnos de responsabilizarnos de lo ocurrido, como el estudio de Ashley Madison, ( https://www.ashleymadison.com/ ) que reveló que los más propenso a la infidelidad eran los que tenían un hermano y el 43% de los encuestados los dijeron ser el hermano mayor. Por otro lado, el hermano mediano, y no el pequeño, con un 32%, sería el más fiel. No deja de ser más que un dato curioso, no sospeche de su pareja porque esté dentro de alguno de estos porcentajes, por favor.

Cuando somos tres

O cuatro, porque quizá la infidelidad aparezca por ambas partes, ¿verdad? Tendemos a pensar que cuando entra un o una tercera persona en juego, lo vamos a notar enseguida. Va a pasar de nosotros la pareja, dedicará su tiempo a otra u otro, la relación se verá afectada en negativo y la cosa acabará mal, muy mal.

Pero, cuando hay una infidelidad, quizá ni lo notemos. Puede que la pareja se ausente más, o no. En ocasiones, puede notarse incluso a la pareja ' infiel' mucho más alegre y relajada, se discute menos y puede que exista un mejor trato incluso se pueda activar la llama dentro de la pareja.

La infidelidad no determina fracaso en la pareja, aunque tampoco tiene por qué ser la tabla de salvación de la misma.

En cualquier caso, la terapia de pareja funciona muy bien para resolver estas situaciones que suelen resultar tan desagradables y nos impiden ver con claridad, por el alto nivel emocional que conlleva, qué deseamos hacer al respecto.

Alternativas a la infidelidad

En ocasiones sentimos que debemos hacer algo determinado, perdonar o romper. Sin embargo, existen otras opciones, aunque no nos resulten tan convencionales, que hoy en día se barajan a la hora de enfrentarse a este dilema.

El tercero desconocido. Cuando no conocemos que se está produciendo una infidelidad poco podemos hacer al respecto. Si nos seguimos sintiendo a gusto en la relación sería la clave para no tener que mover nada. Si, por el contrario, la relación se nota afectada o existe malestar, quizá sea el momento de hablar y ver qué ocurre. Puede que se descubra un infidelidad o incluso que, al saber que nos sentimos mal en la relación, la persona infiel decida apostar por la pareja. Nunca se sabe pero la buena comunicación siempre es una buena aliada.

El tercero consentido. Quizá ya sepa que le están siendo infiel y aun así decida continuar con su pareja. Bien porque no le importa o porque se encuentra incluso mejor así. En ocasiones se consiente porque nos han educado a 'aguantar' con lo que nos echen en el matrimonio. Si es así, ya no sería consentido, sino sufrido. Quizá sería un buen momento para despertar sus verdaderos deseo trabajar su autoestima y decir, ¡basta ya! Pero si el consentimiento es real, existe un buen trato y lo decide libremente, nadie debería criticar su elección.

El tercero consensuado. Esta sería otra opción que cada vez se plantea más. Difícil quizá de entender o aceptar dentro de nuestro marco socio cultural. Consistiría en negociar qué está permitido o no dentro de la relación de pareja. Sería lo que conocemos como negociar una 'pareja abierta'. De esta manera, ya no existiría infidelidad ni deslealtad si se cumplen las normas que cada pareja ha creado de manera conjunta. Si una de las partes lo propone y la otra lo acata ya no sería consentido, por supuesto, por lo que llegar a un consenso real sería fundamental.

El tercero compartido. Y, ¿por qué no? Quizá se desee introducir a un tercero compartido por ambas partes de la pareja. Puede ocurrir que, al igual que hay parejas que negocian poder tener relaciones sexuales fuera de su relación pero no quieren saber de ellas ni les cuenten detalles, otras deciden que estas siempre sean en compañía de la propia pareja, de esta manera ambos disfrutan de ese escarceo leal y, además, la imaginación no vuela pensando, ¿qué habrá hecho con el otro?, ¿le gustará más la otra que yo? Igualmente ha de llegarse a un acuerdo y pautar las normas y límites.

Sea infidelidad o pacto, tienes derecho a decidir qué aceptas o no en tu vida y relación de pareja. Ni las modas ni tu entorno podrás decidir por ti, solo tú puedes conocer qué es lo que más te conviene hacer ante una infidelidad.

 

"Todas mis parejas me decepcionan, son unos hipócritas. ¿Voy a acabar sola?"

Para saber si las personas con las que tenemos una relación son las adecuadas, debemos aprender a hacerles las preguntas idóneas y recordar que todos fingimos en ocasiones

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"Hola, buenas tardes. Soy una mujer de 45 años que después de numerosas decepciones se encuentra en un momento de cierto aislamiento. La razón de mis decepciones siempre es la misma. Para mí hay una serie de valores ideológicos muy importantes. Por ejemplo, creo en la igualdad en la pareja, en los derechos de los animales y en la no violencia. Establezco mis relaciones de amistad y amorosas basándome en ese criterio. No podría tener una relación profunda de ningún tipo con personas que no crean en lo mismo que yo. Pero siempre acaban decepcionándome. Acabo viendo en mis parejas y en mis amigos muchas actitudes que traicionan esos principios. Y últimamente me está pasando en el mundo laboral, con personas con las que yo colaboraba creyendo que teníamos un proyecto ético en común. Pero soy incapaz de resignarme a tragar con personas hipócritas. ¿Eso significa que voy a acabar más sola aún?".

Hola. Creo que tu email refleja un fenómeno muy habitual en el mundo moderno: la decepción de expectativas éticas que puede llevar al aislamiento social. De hecho, he respondido otras cartas en las que este problema estaba latente. Voy a contarte cómo ven este tema algunos psicólogos. Espero que alguno te pueda ayudar en este momento de crisis.

Podemos fingir un total acuerdo ideológico con tal de ligar con alguien y eso nos convierte puntualmente en hipócritas

Muchos estudios coinciden en reconocer la ubicuidad de la incongruencia ideológica. El fenómeno es tan cotidiano que en su último libro ('Why Everyone (Else) Is a Hypocrite: Evolution and the Modular Mind') el psicólogo evolutivo Robert Kurzban afirma que la hipocresía es el estado natural de la mente humana. Su teoría es que nuestra mente se compone de unidades especializadas que tienen, cada una, un sentido adaptativo. Estos módulos tienen objetivos distintos. Por ejemplo: hay una parte de nuestra psique dedicada a nuestras opiniones ideológicas y otra focalizada en seducir a las personas que nos gustan. Durante la mayoría de nuestra vida, esos procesos funcionan en paralelo y cada uno actúa con coherencia. Pero cuando los objetivos de dos áreas chocan, atendemos a la que más nos importa en esos momentos. Siguiendo con el ejemplo, podemos fingir un total acuerdo ideológico con tal de ligar con alguien y eso nos convierte puntualmente en hipócritas. El problema con esos actos fariseos, según Kurzban, es que acaban socavando nuestro sentido del yo. Por eso estamos mentalmente preparados para no detectar nuestra incoherencia. Nuestro cerebro recuerda las ocasiones en que nuestros objetivos no se entrecruzaban y hemos sido coherentes y olvida nuestras contradicciones cuando había que elegir optimizar una u otra finalidad.

Preguntar por lo concreto

El punto de vista de autores como Kurzban te llevaría a aceptar la impureza ideológica. Como decía Nietzsche: "No existe nada más hipócrita que la eliminación de la hipocresía". Si te abres a la idea de que la coherencia es cuestión de grados, abandonarás también el fatalismo al que te han llevado las continuas decepciones. Descubrirás que no existe, tampoco, la hipocresía absoluta: todos somos coherentes ideológicamente con ciertos valores morales. No tendrás que resignarte a la soledad si afinas tu "casting emocional" y aprendes a detectar compromisos éticos suficientes para establecer relaciones.

Para eso tienes que aprender a preguntar. Las investigaciones te aportan un dato: no plantees cuestiones generales que se puedan responder con palabras imprecisas. Que alguien te diga que es feminista, animalista o pacifista no te ayuda a prever su conducta futura. Martin Fishbein e Icek Ajzen, profesores de la Universidad de Massachusetts, idearon muchos experimentos que mostraban esta intrascendencia de las ideas abstractas. Su conclusión: cuando buscamos actitudes coherentes, no debemos preguntar a los demás por opiniones generales, sino por situaciones concretas. Las actitudes abstractas no significan nada porque, como reza el viejo adagio popular, "es más fácil amar a la humanidad que al vecino". Llevándolo a tu caso: es inútil que le preguntes a alguien si cree en la igualdad entre hombre y mujer porque te dará la respuesta políticamente correcta. Para saber su verdadera opinión, tienes que plantearle qué haría (o, mejor: qué hizo) en situaciones concretas en que se ponía en juego esta idea.

Creemos en la complicidad en los primeros contactos y nos olvidamos de que la química ideológica responde a la química hormonal

Ahí te darías cuenta de que la gran trampa mental que permite la incoherencia son las excepciones. Stephen Kraus, profesor de la Universidad de Florida, es uno de los psicólogos que estudian con más lucidez cómo determinadas personas pueden ir en contra de sus valores morales. Según este autor, para nuestro cerebro es muy fácil excusarnos convenciéndonos de que en determinados actos concretos, nuestras actitudes "no cuentan". Esa es una de las razones por las que solo los demás nos parecen hipócritas: nosotros creemos que determinados actos suyos contradicen su escala de valores, pero ellos piensan que no. Y nosotros hacemos lo mismo con nuestras conductas. En ese caso concreto nos decimos: "Actuar así no va en contra de mis principios".

Si lees en profundidad a estos autores, entenderás mejor cómo correr ese tupido velo que hace que los que te rodean se crean coherentes. Eso te llevaría a otra estrategia que ya planteé en otro artículo de este Consultorio: no ser ni confiada ni desconfiada. Se trata de dejar el juicio en suspenso el mayor tiempo posible e ir viendo acontecimientos. Tendemos a creer mucho en la complicidad que a veces se produce en los primeros contactos. Y nos olvidamos de que, como recuerdan autores como Helen Fisher, la sensación de química ideológica responde más a la química hormonal que a verdaderos acuerdos. Jean Paul Sartre afirmaba que "dos personas nunca están de acuerdo: si parece que lo están, ha sido por un malentendido". Y ese tipo de falso consenso es habitual en los primeros momentos de las relaciones.

Normativos y humanistas

Por lo que cuentas en tu email, para liberarte de esa tendencia a confiar inmediatamente en la coherencia de los demás, quizás tengas que luchar contra tu propia personalidad. El psicólogo Silvan Tomkins divide a los seres humanos en "normativos" y "humanistas". Los primeros tienden a pensar que los demás son peligrosos y están en continua alerta ante el lado oscuro del ser humano. En el otro extremo están los humanistas, personas empáticas que piensan que los seres humanos son habitualmente honestos en sus palabras. Tomkins encuentra en sus investigaciones que adoptamos una u otra estrategia de forma estable. Aunque intentemos justificar nuestra actitud como producto de la experiencia vital, en realidad varía poco con las circunstancias. Todos conocemos a individuos que no se fían nunca de nadie y que cuando ven actos claramente altruistas tienden a pensar: "Algo espera ganar". En el otro extremo, vemos a personas que siguen confiando en los demás, aunque sean decepcionados una y otra vez.

Tú pareces ser de estas últimas. Echar un vistazo a estos científicos te puede ayudar a reinventarte y utilizar a partir de ahora una estrategia más prudente. Como decía el poeta Wallace Stevens, "la confianza, como el arte, nunca proviene de tener todas las respuestas, sino de estar abierto a todas las preguntas". Aceptar esa incertidumbre y la necesidad de una continua revisión de tus relaciones en función de los actos ajenos concretos es el gran reto que te plantean estos autores.

 
 
Psicoterapeuta y divulgador. Intento echar una mano. A veces ayudando a la persona a cambiar la forma de procesar lo que le está sucediendo. Otras veces ayudándola a cambiar lo que le está sucediendo.Creo que el 90% de lo que nos preocupa no va a suceder nunca; que el humor y la ira son dos grandes recursos psíquicos infravalorados y que es buena táctica hacer un buen “casting” del prójimo antes de que los sentimientos nos atonten.Mi método se basa en que cada persona es (al menos) un mundo. Y en los momentos de crisis, cada persona es muchos mundos. Por eso aunque los síntomas sean universales, hay que buscar problemas y soluciones particulares.

El mindfulness en la educación de los niños

Eline Snel Terapeuta y profesora de mindfulness

Eline Snel

En la era de la constante distracción y el estrés, el mindfulness ofrece prácticas basadas en la respiración y relajación para niños, educadores y padres con un objetivo: recuperar su capacidad de atención plena. La terapeuta y escritora holandesa Eline Snel es la referencia europea del mindfulness aplicado a la educación. De entre sus libros, destaca el bestseller publicado en veintisiete países, “Tranquilos y atentos como una rana”. En este manual, desarrolla su método, “La atención funciona”, un trabajo basado en el Mindfulness Based Stress Reduction (MBSR) del Dr Jon Kabatt-Zinn en el MIT (Massachusetts Institute of Technology). El método de Snel, conocido como “el método de la rana” por sus explicaciones sobre la atención y respiración tomando ejemplos de este anfibio, se aplica en escuelas de primaria y secundaria de países como Francia, Alemania, Singapur y también España. En su país, el Ministerio de Educación de Holanda ha decidido ofrecer esta formación también a todos los maestros que lo deseen. Sostiene Snel que aunque el mindfulness "no es una varita mágica“, introducirlo en las escuelas es beneficioso para niños y también para los profesores, una de las profesiones más exigentes del mundo, explica.


Creando Oportunidades

Transcripción

00:01
Eline Snel. Me gustaría compartir una historia con vosotros, es de hace más de 50 años. Me rompí la pierna gravemente mientras esquiaba y tuve que ingresar en el hospital para que me operaran. Me sentí muy sola y un poco asustada, también estaba insegura por lo que iba a pasar. Mis padres estaban lejos, yo estaba sola.

 

00:30
Eline Snel. Había un dibujo de Minnie Mouse enfrente de mi cama, era muy gracioso, y cuando me sentía sola lo miraba y mi estado de ánimo cambiaba. En ese momento, por primera vez, me di cuenta de que el estado de ánimo puede cambiar, como el tiempo, los sentimientos pueden cambiar. Para mí, este fue un primer paso muy importante para ser entrenadora de mindfulness y enseñárselo a los niños durante el resto de mi vida.

 

01:14
Eline Snel. Dentro de cada persona hay un sentimiento, parecido al hambre o la sed, que sirve para encontrar una manera de afrontar los sentimientos, las preocupaciones, ese tipo de cosas. Y esos obstáculos internos impiden el proceso de aprendizaje. Esta es una de las cosas que utilizo en clase. Cuando estamos muy nerviosos y muy confundidos, nuestra mente se parece a esto y nos impide ver las cosas con claridad. Tenemos que esperar hasta que toda la purpurina haya caído y, ¿qué pasa? Todo se aclara y te permite tomar otras decisiones.

 

02:10
Eline Snel. Y así no puedes ver nada. No sabes qué hacer, ni cómo reaccionar, no sabes si estás cometiendo errores. Estás en una especie de estado de pánico. Los niños entienden inmediatamente esto y que pueden esperar hasta que todo se asiente, para continuar haciendo un examen o empezar a hacer un ejercicio de matemáticas. Parar durante un minuto te da el espacio necesario para no reaccionar de una manera completamente automática y pensar sobre si quieres hacer esto, eso o aquello. Te da la oportunidad de elegir cómo reaccionar.

 

03:02
Eline Snel. El mindfulness no es como una varita mágica que puedas apuntar hacia un lugar y hacer que todo vaya bien, pero te enseña a surfear las olas. Te enseña a relajar la mente antes de afrontar situaciones difíciles para que seas consciente de lo que haces mientras lo estás haciendo. Para que seas consciente de lo que piensas y sientes mientras estás pensándolo o sintiéndolo. Es algo que puede hacer todo el mundo, no está relacionado con las expectativas o situaciones inalcanzables, sino con algo que está dentro de nosotros mismos. Pero perdemos este talento por el estilo de vida tan rápido que tenemos. En este sentido puede ser muy importante, tanto para niños como para adultos.

 

04:14
Eline Snel. Los niños pueden preocuparse por muchas cosas diferentes: asuntos familiares, amigos… Pero también antes de un examen o una exposición, cuando tienen que hacerla en el colegio. O antes de tocar algo de música, por ejemplo, o hacer una actuación. Es muy útil reunir todas las preocupaciones en un mismo lugar donde podamos prestarles atención, y la respiración nos ayuda a ello. Cuando los niños aprenden a ser conscientes de estos pensamientos a los que quieren reaccionar de manera inmediata, también pueden aprender a parar. Parar para pensar y dejar de actuar impulsivamente, parar de hablar con alguien que está a su lado o detrás.

 

05:10
Eline Snel . Lo que les enseñamos es que todos tenemos algo en común con las ranas. ¿Puedo preguntarte una cosa? ¿Qué ves cuando miras a una rana? ¿Puedes ver cómo respira cuando la miras? Puedes ver cómo le sube y le baja la barriga. Los niños identifican rápidamente lo que tienen en común con una rana, pueden ver este movimiento, ven que la rana se sienta y no se mueve aunque no está en trance sino que está muy alerta de lo que pasa alrededor, porque cuando se acerca una mosca, la rana la atrapa.

 

La importancia del mindfulness en la educación

El mindfulness enseña a los niños a relajarse, pensar y dejar de actuar impulsivamente antes de afrontar situaciones difíciles

Eline Snel

06:05
Eline Snel. Lo que los niños aprenden con la respiración, es que cuando le prestas atención a la respiración, al movimiento que haces al respirar, no puedes pensar y preocuparte a la vez. Es imposible. Nuestro cerebro no está hecho para prestar atención a dos cosas a la vez. Cuando aprenden a prestarle atención a la respiración, aunque las preocupaciones no se vayan y la situación no cambie, se dan cuenta de que no tienen que prestarle atención a esas preocupaciones todo el rato. Cuando los niños con TDAH se acostumbran a prestarle atención a sus pensamientos, a sus sentimientos y a las sensaciones de su cuerpo, cuando aprenden que no tienen que reaccionar, igual que la rana, no tienen que reaccionar a todo, algunos niños se sienten menos inseguros.

 

07:09
Eline Snel. La mayoría de los niños serán capaces de gestionar emociones fuertes y reconocerlas y de no dejarse llevar por ellas. Y, personalmente, lo que creo que es más importante, es que son más comprensivos consigo mismos y con otros niños.

 

07:35
Eline Snel. Hay escuelas en Holanda en las que cada día, cada niño practica el mindfulness durante 10 minutos, lo hacen más de 750 niños cada día. Y esto ha conseguido que ya no haya ningún programa contra el acoso en las escuelas, los niños ya no se acosan. Introducir el mindfulness en el programa educativo, en las escuelas, también es beneficioso para los profesores.

 

08:00
Eline Snel. Se preocupan más por su bienestar, en este trabajo que es tan exigente, es uno de los más exigentes del mundo, en mi opinión. Es que ellos también deben hacer un curso de mindfulness. Si no entendemos el mindfulness, no podemos enseñarlo, no es un consejo, no son consejos ni trucos de educación.

 

08:28
Eline Snel. Tienes que sentirlo, los niños deben sentir que los profesores también lo aplican. Cuando lo sientes, cuando sientes cómo te beneficia, puedes enseñárselo a los niños.

 

08:43
Eline Snel. Cuando un profesor está presente, en cada momento, con cada pregunta o actividad, los niños se involucrarán más, son un reflejo del profesor. Estar presente es algo esencial en el mindfulness, y cuando un profesor está presente, los alumnos también lo estarán. Cuando te entrenas como profesor de mindfulness, con el método de la rana, por ejemplo, te entrenas para enseñarle a toda la clase lo que has experimentado antes, por ejemplo, a cuidar de ti mismo, a cuidar de tu mundo interior.

 

09:25
Eline Snel. Tu mundo de pensamientos, de sentimientos, el de las señales… Y cuando eres capaz de aceptar tu mundo interior, de conocer tu mundo interior un poco mejor, tendrás mucho más éxito en el mundo exterior. Y cuando los directores de las escuelas vean y sientan, se den cuenta de que es necesario que los niños aprendan estas habilidades desde pequeños para que sean capaces de enfrentarse al estrés, para enfrentarse a las adversidades y contra los malos momentos de su vida, para que no se hundan sino floten de una manera natural.

 

10:16
Eline Snel. Bueno, entonces… Sin ninguna duda, todos los niños lo necesitan. Es muy importante aceptar que hay sufrimiento, y podemos decirnos a nosotros mismos: “Esto es muy difícil, se me hace muy difícil vivir con esto”.

 

10:40
Eline Snel. El mindfulness no es la panacea para todo, y no es una varita mágica con la que podamos resolver todos los problemas de las escuelas, pero una de las lecciones de este entrenamiento en mindfulness, una parte muy grande se basa en la autocompasión y la compasión. La autocompasión se basa en darte un respiro, y no ser siempre aquél que puede manejar la situación. No necesitas ser fuerte siempre.

 

11:21
Eline Snel. De hecho, ser vulnerable es una señal de fortaleza. Está bien sentirse triste, no pasa nada por estar asustado o por sentir cualquier otro sentimiento. A veces no podemos cambiar la situación, pero podemos cambiar nuestra perspectiva.

 

11:46
Eline Snel. Muchos niños se sienten inseguros, creen que no son suficientemente buenos, suficientemente delgados o inteligentes, lo bastante maduros o lo bastante graciosos. Y con el mindfulness comprenden poco a poco que son suficientemente buenos.

 

12:15

Eline Snel. Y quizás, lo último que me gustaría decirle a cualquiera que trabaja en una escuela o a los padres que están en casa, es que no tiene por qué costar mucho tiempo conseguir ser conscientes: cuando subes unas escaleras, estás subiendo unas escaleras; si tienes a tu hijo en brazos, no prestes atención a otra cosa. Se trata de hacer una cosa cada vez y disfrutar de la vida porque hay muchas cosas de las que disfrutar, aunque también ocurren cosas que no son buenas, la vida es un conjunto de ambas. Bien, muchas gracias.

¿Es bueno hacer los deberes con los niños?

Silvia Álava

 

Especialista en Psicología Educativa y Psicología Clínica y de la Salud, Silvia Álava es autora de libros como "Queremos que crezcan felices", "Cuentos para comer sin cuentos" y "La psicología que nos ayuda a vivir”, donde proporciona recursos y pautas que aplica en su experiencia clínica como terapeuta especializada en psicología infantil. Firme defensora de la autonomía de los niños, Silvia Álava reclama el derecho al error en el aprendizaje y la superación de miedos y desafíos. Entre otros temas, explica por qué los padres deberían limitar su participación en los deberes de los niños, cómo afrontar la ansiedad ante un examen o evitar la sobreprotección. Además, proporciona claves para que los niños desarrollen relaciones basadas en la confianza y la igualdad, así como el rechazo a conductas machistas.

 

Transcripción

00:15
Chus Plaza. ¿Cómo nos puede ayudar la psicología a los padres de hijos adolescentes?

 

00:19
Silvia Álava. Pues yo creo que la psicología puede ayudar en muchas cosas a los padres que tenéis hijos adolescentes. Lo primero de todo, a entender muy bien qué es lo que está ocurriendo en la adolescencia porque, la verdad, es que siempre nos han explicado muy bien los cambios fisiológicos hormonales que se producen pero lo que nunca nos cuentan son los cambios psicológicos que ocurren en la adolescencia. Y en la adolescencia, en cuanto se empieza a liberar la quispeptina, toda la hormona que empieza a disparar todos los caracteres sexuales secundarios también conlleva una serie de cambios mentales y de cambios psicológicos. Así, por ejemplo, cosas que ya te has dado cuenta incluso con tu niña de doce, con la de dieciséis ya lo vas a tener clarísimo, que es: se potencia mucho el sentido crítico. Antes, todo lo que tú decías parecía, ¿no?, que no se cuestionaba, y ahora qué les pasa, que empiezan a cuestionarlo y empiezan a desarrollar un sentido crítico mayor y dicen: “Ah, ¿y por qué? ¿Y por qué es esto?”. Sí, ¿no? Incluso, a veces, ya te miran un poco como diciendo “Sí, ya, ¿no?”. Otra cosa que también les ocurre a nivel psicológico pues, por ejemplo, se potencia mucho ese sentido crítico y eso hace que desarrollen un sentido, a veces, idílico de la justicia. Cuántas veces tus hijas, Chus, te han dicho: “No es justo, mamá”.

 

01:24
Chus Plaza. Sí.

 

01:24
Silvia Álava. Y yo creo que todos los padres que tienen hijos adolescentes se han encontrado con esa frase. ¿Qué les ocurre? Que como se ha potenciado mucho el sentido crítico, pero les falta todavía mucha experiencia vital, pues les lleva a veces a, directamente, a defender posturas que son como muy idealistas que dices: “Bueno, esto…” En cuanto vas creciendo te vas dando cuenta pero a ellos les falta todavía esa experiencia vital. Otra cosa que les ocurre es que empieza a estar especialmente sensible la importancia del grupo. El mundo se amplía, antes era papá y mamá, ¿no? Tu hija de doce años, hasta casi casi antes de ayer su mundo erais vosotros y ahora, ¿qué es lo que pasa? Que es realmente muy importante la relación que va a construir con los iguales. El mundo se amplía, también cambia el modelo a seguir. Siempre decimos que los niños aprenden por modelado y que su principal fuente de aprendizaje son los padres. Cuando llega la adolescencia el modelo fundamental son los amigos, son los iguales, son cantantes a veces, YouTubers, otras cosas ahí que van encontrando por ahí, pero siguen necesitando a los padres y siguen necesitando que los padres estén ahí.

 

02:23
Chus Plaza. Fíjate, a mí me llama la atención lo del modelaje porque yo tengo dos hijas que se llevan cuatro años y medio entre ellas y cada una, dentro de que viven dentro de la misma casa y sus padres son los mismos, son totalmente diferentes.

 

02:35
Silvia Álava. Pues, sobre todo, con el desarrollo mucho de la neurofisiología aplicada y todas las técnicas de neuroimagen, que nos dicen que también durante la adolescencia hay un montón de cambios cerebrales que explican muy bien lo que les ocurre a los chavales y a las chicas, ¿vale? ¿Y qué es lo que ocurre? Que sabemos que cuando el niño nace, pues los primeros seis años de vida son fundamentales y en eso insistimos mucho los psicólogos, porque es cuando el cerebro se está formando, se están formando todas las conexiones sinápticas… Pero luego hay un segundo momento, un segundo periodo, que es vital, que es la adolescencia. Porque es cuando el cerebro se reorganiza, el cerebro tiene que empezar a ser un órgano mucho más potente, los axones se van a recubrir más de mielina para poder hacer las transmisiones más rápido y se hace un proceso, a veces, de poda sináptica de lo que no vale, lo superfluo se va eliminando. Por eso seguramente hay veces que te los encuentras que dices: “Pero a esta hija mía, ¿qué le ha pasado? Está como empanada”, ¿no? Entre comillas de, “esto antes no le pasaba”. Pues puede tener esa explicación también neurocientífica. Pero es muy interesante saber que ese proceso se produce desde atrás hacia adelante, ¿vale? Empezamos desde la zona de atrás del cerebro hacia adelante. Y esta zona de delante que es el lóbulo prefrontal, es la zona que regula las emociones y que regula la conducta, y que regula, un poquito, el comportamiento. Y es la que es especialmente sensible a todo el tema emocional, muchas veces también a la presión del grupo, por eso se nos ocurre que los adolescentes son tan, tan emotivos. Y son muy emotivos por dos cosas, porque tenemos ahí toda la carga hormonal que está sobreexcitando el sistema límbico que es el responsable de las emociones, junto con esta zona del cerebro que es el lóbulo prefrontal que es la que luego regula las emociones, pues todavía no está del todo madura. Por eso, también, otra de las cosas que has visto es que de repente tienen unas reacciones emocionales como súper intensas, que te quedas como diciendo: “Pero esto no era para tanto, ¿no? Está haciendo como teatro”. No, no hacen teatro, esto ocurre por eso que estamos contando.

 

04:24
Chus Plaza. Y comentabas, también, el tema de las amistades que creo que en esta fase de su vida es súper importante. ¿Hasta qué punto puede influir…? O, nosotros como padres, ¿podemos recomendarles ciertas amistades o no?

 

04:39
Silvia Álava. Tenemos que entender que para un adolescente los amigos son fundamentales. Luego hay que entender que tener un vínculo con un grupo y tener ahí un grupo de iguales y la relación con los padres va a ser muy importante. ¿Por qué? Primero porque el cerebro, cuando estamos con los iguales segrega oxitocina, que eso hace que nos pongamos, además, contentos. Además por un tema también de inversión a futuro, porque tú piensa, las relaciones más importantes que estableces en tu vida las estableces con la gente que es, más o menos, ¿no?, pareja a ti en edad. Y ellos llegan a la adolescencia y, entonces, miran hacia el futuro. Y ahí tenemos que convencerles muy bien de cómo es el grupo que tienen. Pero lo que no va a funcionar es llegar y decir: “Mira, yo creo que esta amiga o esta, en concreto, no son buenas amigas para ti”. O prohibirles, en determinado momento, ir con una chica o con un chico determinado. ¿Por qué? Porque eso muchas veces lo que provoca es el efecto contrario. Basta que te lo prohíba para que lo intentes más. Entonces, es mucho más interesante si vamos trabajando con ellas, pero no solamente con la de dieciséis, ¿eh? Incluso con la de doce, el concepto de la amistad. Qué es lo que es importante para ti en una amiga, qué son las buenas amigas, qué son los buenos amigos. Ir pensando, diciendo un amigo es una persona que me ayuda, también, a crecer, a crecer como persona, a ser mejor. Si a veces me estoy juntando con un grupo de chicos o de chicas que lo que me impulsa es, en lugar de crecer como persona, pues es hacer ahí alguna trastada, ¿no?, alguna, ya no travesura sino meterme en problemas pues eso es lo que podemos ir trabajando con él o con ella. Se trata más de que ellos lleguen a la propia conclusión a que se lo demos hecho y le digamos: “Este amigo no, esta amiga no”. Porque eso va a ser contraproducente.

 

06:11
Chus Plaza. Es verdad que, a nosotros personalmente, con nuestras hijas y, además en los dos casos y en momentos totalmente diferentes, nos ha pasado esto, ¿no? El encontrarnos por el camino con alguna amistad que hemos considerado que en ese momento no era buena, o bien para la personalidad de nuestras hijas o porque considerábamos que no era el momento. Y, bueno, pues lo hemos tratado de diferentes maneras y sí que es verdad que nos pasaba un poco lo que tú dices, ¿no? Que es como que somos los malos de la película, que no lo entendemos… En un momento dado, odiamos a su amiga en concreto o a su amigo… Y no sé si esto es lo habitual o es que lo estamos haciendo mal de base. Entonces te encuentras un poco perdido.

 

06:48
Silvia Álava. Pero yo te diría, Chus, yo creo que lo estáis haciendo bien. O sea, la adolescencia es una época lo suficientemente importante como para que estemos todavía vigilando qué es lo que está ocurriendo. Es verdad que no estás tan encima como cuando los niños son pequeños pero tienes que estar viendo por el rabillo del ojo. Entonces, cuando tú ves que hay determinados niños, determinadas niñas, determinados grupos que no son una buena influencia, lo que tienes que hacer es trabajarlo, exponérselo, pero no desde ese punto de vista de: “Estos no nos gustan, entonces prohibido ir con ellos”. O, “Búscate otros amigos”. Porque ahí se va a provocar todo el efecto que decíamos antes de justamente el contrario, de: lo prohibido es lo que más atrae. Sino, ir trabajando en primer lugar, que vayan siendo capaces de ser asertivas y decir con independencia del grupo en el que estés tú eres capaz de decir qué es lo que quieres, qué es lo que piensas, qué es lo que opinas y tienes que ser capaz de defenderlo aunque el grupo no esté de acuerdo con eso. Y eso se va trabajando con los niños desde que son pequeños. Y, luego, lo que hablábamos antes de trabajar mucho ese sentido de la amistad para que ellos se vayan dando cuenta, o ellas se vayan dando cuenta que, a lo mejor, la opción que tenían con estas amigas no es la más correcta. Y una cosa fundamental, y es que los padres tienen que aprender muy bien a morderse la lengua, porque cuando vengan y se vayan dando cuenta, y nosotros les vayamos dando pistas de lo que estamos diciendo, si llegamos con la típica frase de: “Ya te lo decía yo”, la hemos liado porque entonces es como: “Vale, ya no te vuelvo a contar nada, mamá”. O sea lo que necesitan ahí un poco es decir: “Ah, bueno”, pues comprenderles, escucharles y hacerles ver, un poco, la situación.

 

08:17

Chus Plaza. Ya. En el caso de mi hija la mayor, por ejemplo, sus amigas son las de toda la vida del cole, o sea, desde chiquititas a la misma clase, ha habido incorporaciones nuevas pero bueno. Mi preocupación este año, por ejemplo, es que la de doce años, dentro de que está en el mismo colegio, le han cambiado de clase, con lo cual, dentro de que mantiene a sus amigas de siempre, de los tres añitos, claro, su grupo se está ampliando de otra manera. A mí eso, como madre, me preocupa. O sea, me preocupa el que no tenga afianzado un grupo de amigos a estas edades.

 

08:46
Silvia Álava. Pero yo creo que ahí, Chus, tenemos que relativizar mucho porque tenemos que entender muy bien cómo va el concepto de la amistad con los niños. Cuando los niños son muy pequeños, primero de todo, juegan junto a otros niños, ni tan siquiera juegan con ellos. Luego los amigos son circunstanciales, son el niño que te han puesto al lado con el que compartes el pupitre, con el que está en tu clase. A partir de los ocho años ya hay una selección más en función de las características y, luego, es a los doce cuando realmente van a afianzar el grupo de amigos. Que no pasa nada si a los doce años todavía no tienen un grupo afianzado. Hemos dicho que en la adolescencia, hemos comentado antes todos los cambios psicológicos, cerebrales que ocurrían y es cuando ya se empieza a formar mucho más la personalidad. Entonces, hay veces que justo los niños con los que tú vienes desde infantil, desde los tres años, pues se van desarrollando y van teniendo una personalidad bastante parecida con la que puedes ser muy afín y continúas con ese grupo. Y hay veces que tienes niños que, a lo mejor, llevan con ella desde los tres años que tú ya conoces a las madres y a los padres que dices, bueno ya tenemos incluso nosotros como adultos, ese vínculo. Y llega la adolescencia y toman caminos, ¿no?, completamente separados y dices: “Esto ya no tiene mucho sentido”. Entonces, no te preocupes porque a los doce años se pueda incorporar gente nueva porque muchas veces ocurre. Y ocurre porque los chavales, las chicas, los chicos, maduran en esa edad y no todos maduran ni lo hacen en la misma dirección.

 

10:01
Chus Plaza. Silvia, una cosa muy importante, también, es la comunicación, independientemente de que sean hijos adolescentes o no, es la comunicación en casa. Es verdad que entrar en unas edades en las que hablábamos de las amistades, de los novietes que pueden llegar en cualquier momento. ¿Cómo hacemos para que esa comunicación fluya habitualmente? Porque es verdad que ellos se re… un poco tiran de sus amigos, ¿no? Para que sigan teniendo la confianza para contar las cosas en casa, en bueno, en que sepan que nos tienen ahí de apoyo para cualquier cosa.

 

10:31
Silvia Álava. Yo creo que eso es importante sobre todo, Chus, como tú bien has dicho, trabajarlo en todas las edades. No podemos pretender empezar a tener una comunicación buena y favorecer un buen clima de confianza cuando llega la adolescencia. Si no lo hemos hecho de pequeños pues ahí nos va a costar mucho más. Pero lo primero que tenemos que establecer es un clima de confianza donde vean que se puede hablar de las cosas y de todas las cosas. Y, además hay que reservar un tiempo y un espacio, porque muchas veces nos paramos a analizar y dices, es que en el día a día vamos tan rápido de una actividad extraescolar a otra, ahora estudia, ahora un examen, ahora tal que, ¿cuándo hemos tenido tiempo para hablar? Entonces, una de las cosas que solemos recomendar los psicólogos, precisamente es, vamos a intentar que por lo menos una de las comidas, generalmente suele ser la cena porque la comida suele ser en el colegio, los adultos suelen estar en el trabajo, pero que la cena sea todos juntos y así reservamos ese espacio para hablar. Y si queremos que esté un espacio reservado para hablar tiene que ser todos juntos sin dispositivos electrónicos, es decir, con la tele apagada y que los teléfonos, las tabletas, los ordenadores, también se queden fuera. Y una cosa fundamental: escuchar. Y escuchar es más difícil de lo que parece porque cuando decimos que estamos haciendo una escucha activa significa que yo me olvido de mí y que solamente me centro en ti. Y que, además, tú te estás dando cuenta que tu hija de dieciséis o tu hija de doce, se está dando cuenta de que en este momento, en el mundo, tú solamente las estás escuchando a ellas. Que no hay ninguna otra cosa que te interese más. Entonces, esto hay que practicarlo porque si lo vamos practicando va a ser mucho más probable que nos cuenten cuando tienen un problema en el grupo de amigos o cuando tienen un problema con los novietes, que con dieciséis años, pues es una cosa que puede ser bastante habitual.

 

12:08
Chus Plaza. De hecho, el otro día nuestra hija mayor nos preguntaba: “Mamá, ¿tú cuando empezaste a salir con papá se lo contaste a…?” A mi madre, ¿no? Y yo: “Sí, sí”. Y claro, yo creo que no. Pero a mí me gustaría que ahora, después del tiempo mi hija tuviera la confianza de decirme: “Mamá, me he dado un beso con un chico”, o “He quedado para salir”, ¿sabes? Entonces, ese es el miedo que, como madre, no sabes si cuentan contigo o te estás enterando la última de la historia, que puede ser. Por mucha comunicación que haya en casa, ¿eh?

 

12:34
Silvia Álava. Pero es muy buen síntoma que ya te haya preguntado y te haya dicho: “Oye, ¿tú cuando empezaste a salir con papá…?”. Ya estoy cogiendo, ¿no?, como pistas de espérate a ver si ha sido muy pronto, a ver si ha sido muy tarde… Porque uno de los errores que cometemos muchas veces es llegar y decir: “A ver, no, es que nosotros de adolescentes éramos perfectos. Sacábamos todo sobresalientes. ¿Chicos? Bueno, bueno, ni los mirábamos”, ¿no?

 

12:53
Chus Plaza. No era mi caso.

 

12:54
Silvia Álava. “Y nosotros éramos…” Entonces, claro, a veces les estamos imponiendo un modelo que dices es que es imposible que puedas llegar a ese modelo. Entonces, vamos a empezar a tener una conversación lo más cercana posible y, sobre todo, no juzgar. Porque si nos están contando algo y lo primero que me sale es: “Uf, esto fatal, eso no, eso tal…” Te lo van a dejar de contar. Entonces, hay que dejar de juzgar para observar y escuchar más.

 

13:15
Chus Plaza. Y en cuanto a la convivencia, sobre todo la mayor, que está más en una edad de que en algún momento se eche noviete, el tema de las redes sociales, el tema que vemos tan a menudo en la televisión de esa presión que sienten por los chicos, porque se miran el móvil… ¿Qué pautas les debemos dar a estas edades en ese sentido?

 

13:36
Silvia Álava. Yo creo que es muy importante ir trabajando con ellas, pero desde que son pequeñas, no solamente desde los dieciséis años…

 

13:41
Chus Plaza. Sí, un poco lo estamos…

 

13:42
Silvia Álava. …el concepto de amor, ¿no? Qué es amor y qué no es amor. Porque13:42 en esta edad todavía se tiene un montón de lío en la cabeza y, sobre todo, se tiene todavía como muchos cuentos, ¿no? Y muchos mitos de, pues por ejemplo, una de las cosas que circula entre los adolescentes que es problemático y que hay que trabajarlo: “No, es que está bien que sea celoso porque eso significa que le importas y que te quiere”. No, perdona, que sea celoso es un problema. Si una persona te quiere te va a respetar, va a respetar lo que tú hagas y vas a poder hablar, vestir y hacer lo que tú quieras. Todo ese tipo de cosas o los mitos del amor romántico, que tiene que venir un príncipe…

 

14:19
Chus Plaza. Un príncipe azul.

 

14:19
Silvia Álava. …en el caballo a salvarte. No, tú te salvas por ti misma. Hoy en día las mujeres estamos perfectamente preparadas y podemos hacer prácticamente lo mismo que cualquier hombre. Entonces, no tienes que esperar que nadie venga a salvarte, ni tener ese príncipe. Este tipo de ideas hay que trabajarlas con las niñas desde que son pequeñas porque si no luego llega la adolescencia, entran todos esos mitos del amor romántico con la revolución ahí un poco hormonal que se tiene y, pues en ocasiones, nos meten en algunos pequeños follones y, a veces, incluso no son tan pequeños.

 

14:50
Chus Plaza. Sí. Y luego algo que, bueno, que nos quita… O que en algún momento no muy lejano nos ha llegado a quitar el sueño en casa es el tema de las ansiedades. Sobre todo enfocado al tema de los estudios. En el caso de nuestra hija mayor, es una niña que necesita dedicarle mucho tiempo a los libros y el rendimiento hay veces que no es todo lo bueno que ella espera con respecto al esfuerzo que ha tenido. Con lo cual eso, al final, es frustrante para ella, baja su autoestima y nos hemos visto en situaciones bastante complicadas de no saber cómo tirar de ella hacia arriba, ¿sabes? Por mucho ánimo que le estuviéramos dando.

 

15:29
Silvia Álava. Yo creo que ahí va a ser fundamental centrar, sobre todo, la importancia del esfuerzo. Si tú te has esforzado vamos a estar contentos con el resultado aunque el resultado, a lo mejor, no haya sido tan brillante. Porque sí que es verdad que no les puedes pedir a todos los niños lo mismo, y que hay niños que para sacar un nueve a lo mejor han estado estudiando media hora y que otros para sacar un cinco le han tenido que dedicar muchas horas. Si nosotros ponemos el foco en: tú te has esforzado y lo has hecho lo mejor posible. Cuando somos capaces de darnos cuenta de que yo lo hice lo mejor posible nos sentimos bien. Por eso es muy importante poner siempre el foco en el esfuerzo. En el esfuerzo que tú has hecho para sacar esa nota y que te sientas satisfecha si tú crees que lo has hecho lo mejor posible.

 

16:10
Chus Plaza. ¿Cómo podemos apoyar a nuestros hijos en un momento puntual de ansiedad? Me refiero a un momento puntual, la víspera de un examen. La víspera o dejándoles en la puerta del colegio de: “Mamá, no me sé nada. No puedo respirar porque me falta el aire”. Porque con mis hijas en algún momento lo hemos vivido y es de: “Ostras, es que caigo por un pozo sin fondo. Dios mío, ¡qué miedo!”.

 

16:32
Silvia Álava. El tener ansiedad ante un examen es una cosa que es muy, muy habitual. De hecho, hay chicos y hay chicas que se llegan a bloquear, literalmente, ante un examen. Y es más, sabemos que cuando hay un problema de regulación emocional la capacidad de aprendizaje disminuye entre un treinta y un cuarenta por ciento. Es decir, pueden pasar de llevar un examen preparado para un ocho y de repente sacar un cuatro. Entonces, para ahí vamos a tener que controlar varias variables, fundamentalmente dos. La primera de todas es: es que hay que saberse el examen. O sea, es decir, para que te salga bien el examen, lo primero de todo lo tienes que llevar bien estudiado y bien preparado. Yo trabajo en consulta con muchos chicos y con muchas chicas que cuando me doy cuenta y me dicen: “Es que tengo ansiedad en el examen”. Nos ponemos a valorar y dices: “Mira, a ti no te está dando un ataque de ansiedad, te está dando un ataque de realidad, porque mañana tienes un examen son cinco temas y no te da tiempo a estudiártelo”. Eso no es ansiedad, eso, lo que te ha pasado es que te ha faltado planificación en el estudio, haberlo estudiado y habértelo sabido. Cuando ya decimos que es ansiedad es, tú te lo sabes, lo llevas bien preparado y, sin embargo, pues ahí tu hija, a lo mejor, o lo que le pasa a los chavales es que empiezan a pensar: ¿y si no soy capaz?, ¿y si no me sale bien?, ¿y si suspendo?… Ahí ya estamos diciendo que es un problema de ansiedad porque el examen está bien preparado y esos nervios pueden hacer que interfieran en la correcta realización. ¿Qué tenemos que hacer? Pues trabajar a dos niveles. A nivel cognitivo, con lo que estamos pensando, y a nivel fisiológico. A nivel cognitivo, les tenemos que hacer caer en la idea de qué estás pensando, qué tipo de pensamientos están bloqueándote ante un examen. Porque cuando nos ocurre esto lo habitual es que estemos pensando: pues no voy a ser capaz, lo voy a suspender, seguro que lo van a poner muy difícil… Y hay un montón de ideas negativas que nos condicionan precisamente en negativo hacia ese examen. Y habría que cambiar estos pensamientos negativos por unos positivos y realistas: pues lo he estudiado, me va a salir bien, lo voy a hacer bien, lo voy a aprobar… Ese sería el primer componente, el cognitivo. Pero también nos interesa enseñarles algunas pequeñas técnicas de relajación y de control de ansiedad. Pues a mí se me ocurren dos que pueden ser muy facilitas y se pueden aplicar de forma muy fácil. Una es, por ejemplo, la respiración diafragmática. Sabemos que cuando respiramos y lo que hacemos es que llevamos el aire, no solamente lo dejamos en los pulmones sino que dejamos que el diafragma baje y llenen aquí y se llene el abdomen, y se llene la tripa de aire y luego lo soltamos muy despacito… Esto en sí mismo constituye muy buen método de relajación. Y, además, es una cosa que se puede hacer de forma muy fácil en un examen, porque mientras el profesor reparte, mientras estamos ahí un poco viendo cuáles son las preguntas que van a caer podrían hacerlo y ya por sí mismo es muy buen método de relajación. Otro método muy fácil, que es llevarnos una pequeña botella de agua mineral, por ejemplo, porque si te das cuenta uno de los síntomas de la ansiedad es tener la boca seca. Cuando nos sentimos ansiosos la boca se pone como más seca, más pastosa, y el hecho de tener la boca bien salivada, muchas veces bebiendo pequeños sorbitos de agua, va a hacer que nuestro nivel de ansiedad baje un poquito y disminuya.

 

19:34
Fernando Palma. Hola, ¿qué tal, Silvia? Mi nombre es Fernando. Soy padre de tres hijos, dos niñas de doce y diez años y de un chaval de seis. Y, bueno, aprovechando tu presencia aquí, quería poder preguntarte algunas cosas y a ver si me solucionas algunos problemas que cotidianamente tenemos en casa, y seguro que tus consejos me pueden venir muy bien. Una de las cuestiones que, a menudo, también hablamos en charlas en casa, por supuesto y que nos preocupan como padres, tanto a mi mujer como a mí, es la presencia, muchas veces, de manifestaciones relacionadas con el machismo, ¿verdad? Bueno, a pesar de que con nuestros valores, por supuesto, intentamos alejarles de cualquier tipo de manifestación machista, por supuesto, sí que es algo que nos preocupa. ¿Cómo tienes pensado que debería ser la mejor manera de afrontar este tipo de manifestaciones y que nosotros les trasladásemos a nuestros hijos los mejores valores para educarles en igualdad entre hombres y mujeres?

 

20:32
Silvia Álava. Yo creo, por lo que mes estás contando, Fernando, creo que vais y lo estáis haciendo bien. Porque lo primero que estáis haciendo es daros cuenta que es importante educar en estos valores. No nos podemos olvidar, los niños, sobre todo en la edad de los que tú los tienes, seis, diez, doce, su principal fuente de aprendizaje son sus padres, a los que copian, a los que son sus modelos a seguir. Luego, lo primero que tenemos que tener es en casa un modelo de igualdad, de igualdad de género, en el que todos hacemos lo mismo. En casa somos un equipo y no hay labores de chicos, labores de chicas, ¿no? Esto lo tienen que hacer las niñas o esto le toca hacer a tu hijo. Eso va a ser lo más importante de todo, cuál es el modelo que le estamos dando, que no haya comentarios de tipo sexista, que no haya…

 

21:14

Fernando Palma. Claro.

Sivia Álava

 

21:14
Silvia Álava. …pues actividades que unas sean de chicos, de chicas…

 

21:16
Fernando Palma. Está claro.

 

21:26
Silvia Álava. Y luego, también tenemos que observar muy bien el modelo que reciben por parte de la sociedad.

 

21:21
Fernando Palma. Claro.

 

21:21
Silvia Álava. Porque en ocasiones nosotros decimos: bueno, en casa nos estamos garantizando que realmente lo estamos haciendo muy bien y vigilando muy bien qué les decimos. Y en ocasiones están viendo determinadas series de televisión o incluso dibujos animados, que dices, en teoría son para niños y que sí tienen esos comportamientos más machistas que no están favoreciendo esa igualdad entre hombres y mujeres.

 

21:41
Fernando Palma. ¿Cómo les explicamos cuando hay una manifestación machista como tal en la calle, en un entorno, etc.? Es decir, no tanto nosotros transmitir esos valores sino explicarles cuando hay algo que es injusto.

 

21:55
Silvia Álava. Pero yo creo que ahí sí que va a ser muy importante potenciar el sentido crítico de los niños, y que les podamos preguntar y decir: “¿Y tú qué crees?”. Si en casa ya lo hemos hablado, si en casa ya lo hemos trabajado, si en casa está muy claro ese modelo de igualdad, va a ser mucho más beneficioso si le decimos al niño: “¿Tú qué crees? ¿Tú que crees de eso que hemos visto por la calle…?”, ¿no? Ese insulto que hemos dicho, ese comportamiento, ¿no? A veces, ese comentario… pues, que está fuera de tono, “¿A ti te ha parecido bien? ¿Tú crees que es lo adecuado? ¿Cómo lo hubieras hecho tú en esa situación?”. Va a ser mucho más enriquecedor para los niños si fomentamos ese sentido crítico y les preguntamos: “¿Tú que crees?”. Y que sean ellos los que directamente lleguen a la respuesta…

 

22:33
Fernando Palma. Ya.

 

22:34
Silvia Álava. …que si les decimos: “No, mira, esto está mal y la forma correcta de hacerlo es esta otra”. Es mucho mejor dejarles que, aunque tarden más tiempo, aunque nos lleve una mayor carga de trabajo, que lo hagamos desde esta otra forma. Porque así será el propio niño, ¿no?, o tus hijas, las que realmente lleguen a esa conclusión. Y ese es un aprendizaje mucho más valioso.

 

22:53
Fernando Palma. Otra cuestión. Sí que es cierto que donde tenemos dificultades a la hora de que ellos puedan salir adelante diariamente, es a la hora de establecer pactos con ellos. ¿Cómo ves que tengamos que llegar a tener pactos con ellos para cuestiones habituales: labores en casa, fuera de casa, etc.?

 

23:14
Silvia Álava. A los niños siempre les viene muy bien que las normas y los límites estén marcadas y estén establecidas de antemano.

 

23:20
Fernando Palma. Sí.

 

23:20
Silvia Álava. ¿No? Esos pactos que tú dices yo creo que tendrían que ser lo más explícitos posibles. O sea, no, muchas veces, si no está muy claro al final acaba…

 

23:28
Fernndo Palma. Ya, sí, eso es.

 

23:28
Silvia Álava. …siendo muy cansado y muy tedioso porque parece que todos los días tenemos que andar negociando, que todos los días tenemos que andar cediendo.

 

23:35
Fernando Palma. Como si lo que no se pactase no existiese.

 

23:36
Silvia Álava. No existiese. Entonces, es mejor, vamos a sentarnos en casa. Lo primero de todo, claro, tu mujer y tú, los que os tenéis que sentar y pensar muy bien: a ver, cuáles son las normas que vamos a establecer para nuestros tres hijos. Luego habrá que adaptarlas un poquito en función de la edad porque son doce, diez y seis años.

 

23:51
Fernando Palma. Ya.

 

23:51
Silvia Álava. Y muy bien, sobre todo, dónde está el límite, para que el límite esté súper claro. ¿Por qué? Porque dentro de los límites podemos pactar, podemos ceder, pero una vez que ya hemos llegado a ese límite, por aquí lo siento mucho pero se acaba la conversación porque el límite está aquí. Y si está muy claro y está muy marcado nos va a ser mucho más fácil y, sobre todo, mucho menos desgastante en ese día a día. Porque si no parece que estamos todos los días repitiendo cuestiones una detrás de otra y siempre lo mismo.

 

24:20
Fernando Palma. Claro, ¿localizar cuestiones importantes, realmente en las que vale la pena hacer pactos o a la mínima oportunidad intentar alcanzar un acuerdo con ellos?

 

24:30
Silvia Álava. Yo creo que es mejor lo que decías tú en primer lugar, vamos a llegar a un acuerdo pensando muy bien cuáles son las cuestiones importantes en las que tenemos que hacer ese pacto, o cuáles son esas normas y esos límites. Pues no sé, a mí se me ocurre que puede ser uno de los primeros de todo: pues en casa nos hablamos con respeto, ¿no? El que tengan en determinado momento una falta de respeto o se dirija en mal tono, pues en ese tipo de tono ya no vamos a seguir ahí conversando.

 

24:51
Fernando Palma. O sea, un poco asumirlos como patrones, quizá, de conducta familiar…

 

24:55
Silvia Álava. Si es que, al final, luego las rutinas a los niños les dan mucha seguridad. Y hay muchas veces que, precisamente, lo que hacen es que intentan ahí, un poco, a ver, a ver, qué es lo que pueden conseguir… Y se quedan muy a gusto y muy tranquilos cuando dicen: “Ah, vale. Pues si no, si yo ya sabía que habíamos quedado que solo podía estar media hora al día con la tablet, pero yo lo intento. Tú me lo dices y ya me quedo tranquilo y lo asumo bien”.

 

25:15
Fernando Palma. Es que, mira, lo que acabas de comentar ahora me parece muy interesante porque precisamente con ese tema, cuando traspasas el umbral del pacto sagrado que, en algunas cosas en casa, pues lo tenemos así establecido pero en otros no tanto, no hablamos todo lo que sucede en casa… nos sucede con las órdenes, que es como el paso siguiente a: no tengo un pacto sobre esto pero te voy a dar una orden para que lo hagas en favor de la paz familiar. Entonces, tenemos un problema ahí porque tenemos la sensación de que tenemos el deber de ser constantemente coherentes. Entonces, cuando no eres coherente papá o mamá han fallado. Entonces, me gustaría saber cómo crees que es la mejor manera de ser coherente en casa. Si cuando das una orden tiene que ir a misa y no cabe una rectificación a tiempo, o crees que merece la pena estar rectificando y explicándoselo a los niños a riesgo de que el niño después diga: “Bueno, cuando reciba la próxima orden quizá voy a poder rectificarla otra vez”.

 

26:17
Silvia Álava. Yo creo que, sobre todo, vamos a utilizar el sentido común. Entonces, hay cosas que ya no hace falta explicarlas una y otra vez. Ponemos el ejemplo de lavarse los dientes, que es una cosa muy habitual en todos los niños. Yo ya te he explicado desde pequeño que hay que lavarse los dientes después de cada comida para tener una correcta higiene bucodental y porque si no se pican, salen caries, hay que ir al dentista… Entonces, si yo te lo he explicado, no te lo tengo que volver a explicar. Si ya he explicado que antes de comer nos lavamos las manos, también por higiene, no te lo tengo que volver a explicar. O sea, hay determinadas cosas que están muy claras y que, en ocasiones, muchas veces los niños lo que quieren es ganar tiempo. Porque en lo que tú me lo explicas, me lo dices, negocio o no negocio, pues, estoy ahí intentando ganar tiempo. O si establecemos que primero se hacen los deberes y después viene el ocio ya está muy claro y el por qué lo vamos a hacer así. Entonces, hay que pararse muy bien a observar si son normas que ya están muy establecidas, que están muy explicadas, que ahí no sería conveniente echarnos hacia atrás, ¿no?, y cambiarlas, a otras cosas que a lo mejor puede ser una opinión, que ahí sí se puede cambiar o se puede negociar.

 

27:21
Fernando Palma. Eso está muy relacionado con los castigos. Los castigos, realmente, cuando tienes que… Estás incumpliendo una orden, estás incumpliendo un pacto. Claro, tiene que haber una instrucción clara, los niños… Vamos, mis hijos, al menos, así me lo piden, me dicen: “Bueno, me parece que ahora sí que la he fastidiado. Voy a esperar el castigo”. Entonces, a veces nos sentimos un poco mal castigando, no nos parece la herramienta más eficaz muchas veces porque la situación no lo pide. Es una cuestión de intuición, realmente los padres hacemos la mayoría de las cosas por intuición, ¿no? El tema del castigo, ¿ves otra alternativa para que, realmente, podamos reprimir a los niños, echarles una reprimenda y decirles: “Oye, no puedes hacer esto, por este camino no puedes ir”?

 

28:01
Silvia Álava. Pero yo creo que ahí se trata más un tema de concepto, es verdad que el castigo sabemos que pocas veces es útil. Porque, al final, el concepto de castigar implica que tú tienes una cosa, entonces, en un determinado momento haces algo mal, te portas mal y yo te lo estoy quitando. Luego, es verdad que puede que aprendas, que rectifiques, en ocasiones ni tan siquiera rectifiques, pero también ya sabes ahí, un poco, que yo me he enfadado y lo que ha ocurrido. Entonces, es mejor si trabajamos reforzando la conducta positiva, es decir, lo que el niño tiene que hacer. Y en ese momento es mejor si decimos: “Mira, aquí las cosas no se van a castigar, sino que te vas a ganar determinadas cosas”. Es decir, es que tú la televisión, la tablet, el ordenador… Pues estas pequeñas cosas, un poco del día a día, esos premios que ya tienes no es que tú los tengas ya y que ya tengas derecho a ellos y que si haces algo mal yo te lo quito. Sino que pongo un foco en lo que tienes que hacer. Es decir, si tus deberes están hechos, entonces podrás ir y podrás coger la tablet y jugar un ratito. O, en el caso de que ya está toda la habitación recogida, que ya has colaborado en casa, pues a lo mejor puedes hacer esta otra pequeña cosa. O sea que sea más orientado como un premio que como un castigo porque en el premio ponemos el foco en lo que tienes que hacer y en lo que es correcto y, además, en ti, porque si tú lo haces, genial, lo tienes. Mientras que en el castigo parece que lo tienes y si yo me entero que no lo has hecho o ya me has enfadado lo suficiente, te lo quito. Por eso va a funcionar siempre muchísimo mejor si le damos la vuelta. Y esto, incluso, puedes llegar y decir: “Bueno, para el de seis y la de diez, bien, pero la de doce ya es muy mayor”. Pues la de doce también, incluso cuando llegan a la adolescencia funcionan muchísimo mejor con las gratificaciones y sabiendo que pueden conseguir algo que con los castigos.

 

29:42
Fernando Palma. ¿Qué podemos hacer si no les castigamos, como te decía, cuando ellos quieren llevarte al límite porque les apetece? No sé, a veces tengo la sensación de que están jugando conmigo como padre. Entonces, ¿qué crees…? ¿Cómo crees que debería reaccionar?

 

29:54
Silvia Álava. Yo ahí lo que te diría es: Fernando, lo primero de todo párate y observa muy bien cuál es la situación. Y en “observa muy bien la situación” no es solamente lo que están haciendo tu hijo de seis o tu hija de diez, sino lo que tú también estás haciendo o lo que tu mujer hace. Porque, en ocasiones, ¿cuál era el objetivo? Lo has dicho muy bien, a ver si papá, a ver si mamá se enfada, a ver si me hacen caso de esta forma. Entonces, si su objetivo era ese, aunque al final, ¿no?, en el eje del tiempo, al final me caiga el castigo, durante todo este eje temporal he conseguido mi objetivo: me estás haciendo caso, te estoy provocando, estás entrando en mi juego. Entonces, a lo mejor es mejor, si nos hemos dado cuenta que es esto realmente lo que ocurre, en el momento en el que empieza esa situación de la provocación y del reto darnos media vuelta y decir: “Mira, pues como tú lo que ibas buscando era que yo, en esta situación, te hiciera caso o me enfadara me doy media vuelta y me voy”. Eso sí, para que esto nos funcione, lo que tenemos que compensar muy bien es que, en cambio, cuando lo están haciendo bien y no están en esa actitud más de provocar o de retar, entonces ahí sí que tengo que quedarme contigo y hacerte mucho caso. Porque parece que, en ocasiones, como vamos con las prisas del día a día, les hacemos más caso cuando se están portando mal que cuando realmente lo están haciendo bien.

 

31:05
Fernando Palma. Sí, porque realmente tienes, a veces, muy poco tiempo para poder gestionar esa acción-reacción, ¿no? O sea que, realmente, tú me dices que le dediques más tiempo genera mejores resultados que con los castigos, ¿no?

 

31:18
Silvia Álava. Pero, sobre todo, que le dediques más tiempo en positivo que en negativo. Es decir, parece que por ejemplo, en el día, todavía con el pequeño nos puede pasar, que todavía tiene seis años: “Venga, a la ducha”. Y parece que el día que se ha ido a la ducha a la primera dices: “¡Hala, que bien! Venga, que ya le tengo duchándose, entonces yo aprovecho y me voy a hacer otras cosas”. Mientras el día que no se va a la ducha a la primera tú estás: “A la ducha, que te he dicho que te duches…” ¿Cuándo tienen más atención? ¿Cuándo le has hecho más caso, cuando lo ha hecho a la primera o el día que estuvo remoloneando? Le sale más rentable remolonear, porque es el momento en el que yo te atrapo y que tú estás conmigo. Entonces se trata de darle la vuelta a la situación de, precisamente, cuando no estás haciendo lo que te corresponde pues es cuando yo retiro un poquito la atención. En cambio, cuando lo haces bien es cuando me esfuerzo por quedarme contigo y hacerte caso. Y lo adecúo a la edad, porque al de seis puedo llegar y decirle: “Oye, muy bien, campeón. Que te estás duchando…” Fenomenal, si a la de doce le dices: “Muy bien, campeona, te estás duchando”, te va a mirar como con cara de extraterrestre de “¿de dónde te has caído?” Pero, a lo mejor, le tienes que decir otra cosa, o luego hablar con ella de otro tema… O sea que, al final, aunque tengan seis, diez y doce, que tú estés pendiente de ellos les sigue gustando mucho. Pero hay que adecuar la forma de la atención a la edad que tienen.

 

32:30
Fernando Palma. A ver, se me ocurre otra cosa al hilo de ese comentario que… es que me parece muy importante. ¿Cómo refuerzo los comportamientos sin darles el premio? Considero que muchas veces me cuestiono y digo: “¿Para qué voy a darle yo este premio?”. No quiero darle un premio, quiero que lo consideren un deber en casa. Como una labor que tienen que hacer sí o sí.

 

32:51
Silvia Álava. Yo no creo que sea tanto un error de premiar excesivamente, sino que el error muchas veces está con qué estamos premiando, ¿vale? Porque no nos podemos olvidar que el mayor premio para un niño y para una niña es la atención de sus padres. Y que su padre y su madre le hagan caso y que estén orgullosos de él. Entonces, eso puede ser infinito. Entonces, cada vez que viene una visita a casa que yo luego te refuerzo el decir: “Oye, qué bien, os habéis portado muy bien. He estado orgulloso de vosotros, me ha gustado cómo lo habéis hecho”. Eso es un reforzador muy fuerte y que lo podemos hacer durante toda la vida. Otra cosa que, a lo mejor, pueda estar ya más desajustada es si dices: “Ah, como ha venido una visita, le hemos dicho hola, le hemos dicho adiós y hemos sido educados vas a tener un premio, ¿no? O te voy a dar una chuche o te voy a comprar algo”. Pues eso estaría ya… sería muy desproporcionado. Pero el refuerzo social, el que les hagamos caso, el que noten un poco que estamos orgullosos y contentos, eso es un refuerzo muy poderoso y se puede utilizar siempre. Lo que no es correcto es asociar a todas las conductas premios materiales, porque eso puede llegar incluso a ser contraproducente. Porque parece que llega un momento en el que te miran como diciendo: “¿Y qué me vas a dar?”.

 

33:54
Fernando Plaza. Claro, exacto, sí.

 

33:55
Silvia Álava. ¿No? ¿Entonces, si yo pongo la mesa tú qué me das?

 

33:57
Fernando Plaza. La eterna negociación.

 

33:58
Silvia Álava. En plan de: “No, perdona. Aquí somos un equipo y lo hacemos entre todos”. Y, a cambio, luego cuando acabemos pues a lo mejor después de cenar y la mesa esté recogida todos podemos ir a ver un rato la tele o podemos charlar o podemos hacer otra cosa.

 

34:10
Fernando Plaza. Otra cuestión que sí que considero importante en la familia, y sí que a veces, no tengo todas las herramientas ni los recursos necesarios para solucionarlo. Pero siempre tengo la eterna dicotomía de la autonomía que le debo generar a mis hijos y en la que creo firmemente para que sean independientes y felices, pues deben disfrutar de ella y se la debo educar y mi mujer, por supuesto, que también, ¿verdad? Y estamos de acuerdo. ¿Qué ocurre? Que a veces se generan conflictos con el control, ¿no?, mal entendido. Entonces, ¿hasta qué punto podemos gestionar eso? Es decir, no quiero que ellos me consideren el padre helicóptero o el eterno controlador, sino que les dé una autonomía pero que no pierdan que tienen la vigilancia de los padres, ¿no? ¿Cómo crees que debemos gestionar eso?

 

34:57

Silvia Álava. Yo creo que aquí, al final, tenemos que pensar que en el término medio está la virtud. Es verdad que a los niños hay que dejarles mucha autonomía, hay que dejarles que cada vez sean más autónomos, que sean ellos capaces de resolver solos los conflictos del día a día, que sean, también, un poco capaces de gestionar las cosas, de me llevo yo solo la mochila al colegio, soy yo el que organiza las cosas que tengo que hacer, los deberes y demás. Pero la clave fundamental va a estar en acompañar. Es decir, durante las primeras etapas no es que yo te esté controlando y estoy arriba, ¿no? Como ese padre helicóptero que tú decías, que sabemos que la sobreprotección es uno de los mayores errores que se cometen hoy en día en educación, sino que yo estoy a tu lado acompañándote, acompañándote y viendo que está saliendo todo bien. Igual que cuando empezaron a montar en bicicleta tú no les dejaste solos con la bici: “Hala, a ver qué pasa”.

35:46
Fernando Plaza. No, está claro.

 

35:46
Silvia Álava. Sino que yo al principio iba a tu lado, teníamos las bicis estas que no tenían pedales, luego les ponemos ruedines, los quitamos, yo al principio estoy a ver si te caes, no te caes, hasta que ya tengo la seguridad de que sabes hacerlo y tú ya vas solo. Pues esto sería lo mismo, en un primer momento no te controlo, te acompaño en tu aprendizaje, estoy detrás en un segundo plano por si surge cualquier problema ayudarte a resolverlo. No resolvértelo yo, esto va a ser la clave fundamental en todos los aprendizajes y según vayan creciendo pues tendrán que ser cosas distintas. Pero, yo creo que ahí sí es muy importante que tú eduques, ¿no?, y que les eduques en la responsabilidad. Tienes que… no transmitirle tus miedos, porque tus miedos y tus inseguridades van a hacer que ella sea luego mucho más insegura y que no se atreva a hacer determinadas cosas. Entonces, hay que dejar a los niños que hagan las cosas que pueden hacer y para las que les hemos preparado en cada edad.

 

36:39
Fernando Plaza. Por ejemplo, con los deberes, es algo muy habitual que te miran, o tú les miras y dices: “Bueno, ¿estará haciéndolo bien?” Y dirá: “Papá, ¿podré hacer, seguro, esto que me han encargado en el colegio?”. Quería preguntarte si es bueno ayudar a los niños a hacer los deberes, poder acompañarles en las tareas que tienen del colegio.

 

36:59
Silvia Álava. Los deberes siempre son responsabilidad de los niños, nunca de los padres. Si nosotros estamos asumiendo esa responsabilidad, ¿qué pasa? Que luego el niño o la niña no asumen la responsabilidad, porque para qué lo voy a hacer yo si ya estás tú pendiente. Hay padres y hay madres que es que les ves que dices: si es que le importa más la nota y que los deberes estén bien hechos a ellos que al propio niño. Entonces claro, ¿al final qué ocurre?, que no llegan a adquirir esa responsabilidad. Los deberes tienes que hacerlos tú, yo te puedo ayudar en un determinado momento que tengas una duda puntual, pero no tiene ningún sentido que yo esté sentado a tu lado haciendo los deberes. Y si yo viera que los deberes, no es que tengan un error puntual, que los puedes corregir, te equivocas, aprendes al día siguiente en el colegio y lo corriges. No pasa nada. Es mejor que lo corrija…

 

37:43
Fernando Plaza. Sí, pero protestan.

 

37:43
Silvia Álava. …ella a que lo corrijas tú.

 

37:45
Fernando Plaza. Ahí protestan y dicen… Claro, pero ahí protestan y dicen: “No, papá, jo, es que lo voy a llevar mal y no lo entiendo. He atendido muchísimo en clase pero no lo entiendo, ¿me puedes ayudar?”.

 

37:54
Silvia Álava. Pero es diferente.

 

37:55
Fernando Plaza . Entonces te remangas y tienes que estar con ellos.

 

37:55
Silvia Álava. No lo entiendo, tengo una duda puntual que tú se la resuelves a: “Es que no lo entiendo”. Y están así en plan con esa actitud para que tú me los hagas. O sea, tú puedes ayudarles a resolver dudas puntuales y si te dicen que no lo entienden. Pero cuando no lo entienden, no entienden en concreto el apartado “b” del ejercicio siete. Cuando es: “No lo entiendo”, y no hay nada hecho es que… no, perdona.

 

38:18
Fernando Plaza. La cultura del esfuerzo un poco, también, ya.

 

38:18
Silvia Álava. Es que quieres que yo te los haga. Entonces, por supuesto que les podemos ayudar a resolver las dudas puntuales pero lo que es el grueso de los deberes lo tienes que hacer tú y no pasa nada porque en un determinado momento te equivoques, si hay que aprender del error. Otra cosa diferente es que vaya a estar yo sentado a tu lado continuamente haciendo los deberes. O que yo vea que has hecho los deberes y que se nota que están hechos con absoluta desidia, que la letra es una letruja de tal, que has puesto los números prácticamente al azar a ver si casaban… Ahí sí que tienes que llegar y decir: “Oye, mira, no. Estos no son unos deberes bien hechos, te toca repetirlos”. O sea, no pasa nada porque haya un fallo puntual porque ya aprenderá y lo corregirá el niño y otra cosa es que estén hechos eso, que se nota que estaba ahí… ¿no? Directamente tumbado en la mesa mientras hacía cuatro cosas.

 

39:00
Fernando Plaza. Y ahí, no le hago caso.

 

39:01
Silvia Álava. Ahí es mejor no hacerle caso. Cuando estés dispuesto y cuando estés bien, y estés en buen plan, yo vendré y resolveré tu duda puntual, pero no estaré continuamente aquí a tu lado.

 

39:11
Fernando Plaza. Vale. Y qué hago yo con los padres y las madres que me dicen: “No, pues a tu hija se le han olvidado los deberes”. Entonces voy a utilizar el chat de WhatsApp de los padres y de las madres para mandarte los deberes, y le hago una foto y te lo llevo a la mesa de tu hija. ¿Qué hago?

 

39:25
Silvia Álava. Este es un tema muy peliagudo y que, además, es siempre pues… muchas veces nos lleva a muchos conflictos con los padres. Es que al final estamos diciendo que la responsabilidad de los deberes es de los niños, pero es que la responsabilidad de ser conscientes de lo que tienen y de rellenar la agenda también es de los niños.

 

39:42
Fernando Plaza. Sí, sí.

 

39:43
Silvia Álava. Hay muchos niños que directamente ya ni apuntan. ¿Pero para qué voy a apuntar si mi padre o mi madre…? ¿No?

 

39:49
Fernando Plaza. Se lo piden al vecino, tal, exacto.

 

39:50
Silvia Álava. Está en el chat. No, no se lo pide al vecino, perdona. Mi padre o mi madre ya está en el chat, ¿no? En el grupo de WhatsApp de padres y madres de la clase donde se cuelga todo. Entonces, ¿para qué voy a trabajar yo? Es que le estamos haciendo un flaco favor, porque los niños tienen que aprender a ser responsables y una parte de aprender a ser responsable es ser capaz de saber qué es lo que tienes que hacer al día siguiente. Y saber lo que tienes que hacer es tanto apuntar los deberes de lengua, de matemáticas o de biología. O saber que mañana toca flauta y que tengo que… toca música y me tengo que traer la flauta. Todo eso hay que dejar que sean ellos los que lo vayan haciendo. Nosotros lo podemos supervisar e ir comprobando que realmente se está haciendo bien. Porque lo que decíamos, hay que acompañar, hay que supervisar, pero bajo ningún concepto hay que hacérselo.

 

40:34
Fernando Plaza. Por lo tanto, que se equivoquen y vayan al cole sin los deberes hechos y se acabó. No pasa nada tampoco una vez, van a espabilar, entiendo, la segunda vez, como tú recomiendas.

 

40:42
Silvia Álava. Va a depender también mucho del niño. Cuidado. Porque si es el típico niño que está intentando escaquearse siempre y que ya sabemos, ¿no?, que los deberes no los tiene hechos… a lo mejor, ahí hay que tomar otras medidas pero si es un olvido puntual, pues que asuma las consecuencias al día siguiente en el colegio, que no es lo más grave del mundo.

 

40:58
Fernando Plaza. Ya. No están especialmente habituados a gestionar bien la frustración. O sea, dicen: “No”, o “No puedo hacer esto porque es imposible”. “Se me ha olvidado el libro en clase”. O cualquier otra cuestión, o un amigo les ha dicho que no les invita a su cumpleaños. Entonces, la gestión de la frustración es un tema bastante habitual en mi casa. Entonces, ¿cómo crees que es la mejor forma de gestionar esos conflictos? ¿Hasta dónde nos metemos los padres?

 

41:24
Silvia Álava. Hoy en día, ¿por qué los niños tienen tan bajita tolerancia a la frustración? Porque como nos dan mucha pena, ¿no? Y, muchas veces, hay un amor paternal y maternal mal entendido. Es que si yo le quiero tanto que a mí no me cuesta nada coger y hacer los deberes con él, llamar a la madre de su amiguito para que le apunte al cumpleaños, hacerle esto otro… Entonces, no nos estamos dando cuenta que les estamos haciendo un flaco favor, porque es verdad que a ti no te cuesta nada y es verdad que le quieres muchísimo, pero también es verdad que tu hijo o tu hija necesita adquirir tolerancia a la frustración. Y para eso es necesario darse cuenta que las situaciones, a veces, en la vida pues no salen como uno quiere, y que a veces te dan un “no” por respuesta. Entonces, de vez en cuando, a los niños hay que decirles que no, precisamente para que aprendan a tolerar la frustración. Tampoco hay que decirles que no a todo las veinticuatro horas del día, pero sí a determinadas cuestiones, “no”. O tienen que ver que hay veces que nos equivocamos y no pasa nada por equivocarte, se puede hacer un aprendizaje muy, muy valioso del error. Nos equivocamos, desdramatizamos el error, porque en ocasiones parece: “Me he equivocado haciendo los deberes. Dios mío, ahora los tenemos que repetir, vamos a perder mucho tiempo”. Y sin quererlo somos nosotros mismos los que estamos dramatizando esa situación. No pasa nada, ¿qué tenemos que hacer? Cogemos la goma, cogemos el lápiz, borramos y los volvemos a hacer. Y volvemos a insistir y ponemos el foco en la solución y en el esfuerzo. Cuando nosotros se lo resolvemos, al final, lo que estamos haciendo es que, cada vez, tengan menos tolerancia a la frustración y que cada vez desarrollen una menor resiliencia. Y lo que puede ocurrir, incluso, cuando lleguen a la adolescencia, incluso cuando sean adultos jóvenes, es que se encuentren con muy pocas competencias emocionales que se han desarrollado y que incluso puedan tener más problemas de todo tipo.

 

Silvia Álava
43:06
Fernando Plaza. Ansiedad o algo así, quizá, o…

 

43:06
Silvia Álava. Incluso a nivel de salud. Es que fíjate, la sobreprotección y esta falta, muchas veces, de adquirir bien esa tolerancia a la frustración correlaciona muchas veces con tener más problemas de salud mental en la adolescencia e, incluso, en la edad adulta. Por desgracia, muchas veces en consulta veo gente joven que me dice: “Mira, todos los problemas que yo tengo…”, y a lo mejor son problemas de ansiedad bastante importantes, o incluso trastornos de bajo estado de ánimo con depresión, “Creo que gran parte es porque mis padres me lo pusieron todo tan fácil, me lo dieron tan bien hecho, nunca me dijeron que no… Que en cuanto salí al mundo real y tuve que sacarme yo las castañas del fuego no tenía habilidades, no tenía estrategias, no tenía recursos y me hundo”.

 

43:45
Fernando Plaza. Claro, lo entiendo, lo entiendo. Pero, y la otra parte de lo que te planteaba, es decir, el conflicto, la solución del conflicto de puertas hacia afuera. Tenemos, muchas veces, la tentación de hablar con ese niño con el que, hombre no ha tenido algo grave, lógicamente, pero sí que ha tenido algo que especialmente le inquieta, ¿no? Y tiene cierta desazón por solucionar esa pequeña pelea o pequeño conflicto con un amigo o amiga. A la hora pues, lo que te comentaba, de invitarle a un cumpleaños, etc. ¿Hasta dónde nos metemos los padres? ¿Se lo explicamos y que lo solucionen ellos, que es lo mejor? O no, ¿o intentamos llevarlo más allá, incluso descolgar el teléfono, hablar con su madre, etc.? ¿Qué hacemos?

 

44:24
Silvia Álava. Yo creo que ahí es importante darle al niño las herramientas para que él lo solucione. O sea, es decir, te pones a hablar con él. Es una cosa que es muy importante, en este caso, para tu hijo. Entonces, lo primero que tengo que hacer es que te sientas que para mí es igual de importante y que te voy a escuchar, y que además mi escucha va a ser activa. En estos momentos solamente me importa tu problema y voy a estar al cien por cien en ayudarte, a ver cómo, entre los dos, resolvemos el problema. Entre los dos, no te lo voy a arreglar yo. Si vemos que no se le ocurre, la forma de ayudarle sería decir: “¿Y tú qué crees? ¿Y cómo lo harías?”. Le puedes, incluso, ir dando pistas o puedes ir más allá si tiene un problema, le dices: “¿Qué te parece si en esta solución a mí se me ocurre que podemos hacer esto?”. Vamos a hacer como una especie, lo que en psicología llamamos roleplaying, que es como un teatrillo. “Venga, yo soy tu amigo a ver cómo me dices que mañana quieres jugar conmigo en el recreo y te llevas la pelota”. O lo que sea, o cómo me dices: “Oye, me hubiera gustado que me invitaras al cumpleaños”. Incluso lo hacemos en roleplaying, pero le entrenas a él para que él sea capaz de resolverlo.

 

45:23
Fernando Plaza. De acuerdo.

 

45:23
Silvia Álava. Porque, si lo que hacemos es que cogemos el teléfono y llamamos al padre o a la madre, estamos pasando un problema de la esfera infantil a la esfera de adultos. Y cuando pasa a la esfera de adultos ya es distinto, porque mañana los niños vuelven a ser amigos y ya no hay ningún problema, pero los adultos, a lo mejor, luego tardamos un poquito más. Otra cosa distinta, Fernando, si tú me dijeras: “No, mira, es que mi hijo tiene un problema con un niño, que es de forma recurrente, que además el niño es más mayor que él…”. Que él tiene seis años y es un niño de ocho el que se mete con él, que tal… Bueno, ahí ya es diferente, ahí a lo mejor ya tenemos que pedir ayuda, vamos a ir al colegio, vamos a recopilar más información… Pero lo que son las cuestiones del día a día tenemos que poner el foco en enseñar al niño a que se las resuelva, no resolvérselas nosotros.

 

46:07
Fernando Plaza. Bueno, pues muchísimas gracias por todas tus sugerencias, comentarios e indicaciones, que como padre seguro que me vendrán realmente bien en casa a la hora de solucionar estos conflictos y pequeñas situaciones que tenemos cotidianamente. Así que te lo agradezco muchísimo, muchísimas gracias.

 

46:24
Silvia Álava. Gracias a ti y ahora toca ponerlas en práctica en el día a día.

 

46:27

Fernando Plaza. Muchas gracias. Hasta la próxima.

Microinfidelidad, el tipo de infidelidad que probablemente cometas sin saberlo

DIEGO BERMEJO

 

Sí, la foto de marras ha adquirido sentido. ANTONIO GUILLEMSHUTTERSTOCK

 

Todos somos infieles, lo hemos sido o lo seremos. Como mínimo, microinfieles. Así, al menos, lo intuye la psicóloga australiana Melanie Schilling, estudiosa de la infidelidad y acuñadora de un término que promete convertirse en la comidilla de unas cuentas sobremesas durante los próximos meses.

Para entenderlo bien, lo mejor es empezar por el principio. Según la Real Academia Española, la infidelidad es la "falta de fidelidad". Es decir, la ausencia de "lealtad u observancia de la fe que alguien debe a otra persona". Una definición que, como le sucede a muchas otras, aun precisa, deja lugar a la interpretación. De ahí los no pocos malentendidos surgidos en torno a esta cuestión.

 

Y es que resulta casi imposible encontrar unanimidad a la hora de determinar qué es y qué no es una infidelidad ya que, en función de la época en la que preguntemos, el territorio en el que lo hagamos o cuál sea el contexto sociocultural de los encuestados la respuesta variará ostensiblemente. Por ejemplo: ¿Se es infiel si se le da un pico a un amigo? ¿Y cuando se tontea? ¿Y cuando la infidelidad se concreta únicamente en la imaginación? En función de a quién preguntemos, encontraremos respuestas muy distintas y argumentos para todos los gustos.

 

Para más inri, por si esta ausencia de consenso no complicase suficientemente el asunto, parece que los avances tecnológicos, lejos de ayudar a la hora de acotar lo que se puede llegar a considerar o no como infidelidad, han complicado aún más la cosa. Así lo sostiene la especialista. De hecho, lo que la oceánica ha podido comprobar de primera mano en sus estudios sobre la incidencia de Internet en las deslealtades de pareja es que las nuevas herramientas de comunicación han provocado un aumento exponencial en el número de lo que esta califica como "traiciones sutiles". Con ellas, parece, empieza todo.

 

Actos "involuntarios"

Según Schilling "la microinfidelidad es una serie de pequeñas acciones que indican que una persona está emocional o físicamente enfocada en alguien fuera de su relación". Actos a menudo "involuntarios" y en los que podríamos estar cayendo "cuando conectamos secretamente con alguien en las redes sociales, cuando compartimos bromas privadas con otro sujeto, cuando minimizamos la seriedad de la relación en la que nos encontramos o cuando guardamos el número de esa tercera persona en el teléfono con un nombre en clave".

Aun más esclarecedora resulta la explicación que ofrece su colega, el psicólogo Douglas Weiss, quien para diferenciar la infidelidad de la microinfidelidad recurre a un ejemplo de lo más clarificador: "La microinfidelidad es la cerveza y la infidelidad emocional es el whiskey. La microinfidelidad es el comienzo, cuando dos personas se involucran y ven si la otra está interesada. Luego, si lo están, los dos continúan a la siguiente etapa que es la infidelidad emocional. En esta etapa comparten sueños, intereses y/o frustraciones. Si todo sale bien, se abre un camino para infidelidad sexual".

Así pues, y aunque no siempre sea así, parece que la microinfidelidad es el camino más corto para acabar siendo infiel.

 

Cómo detectar una microinfidelidad

Dado que en muchos casos no se es consciente de que se está cometiendo una microinfidelidad, para salir de dudas y averiguar si estamos siendo microinfieles o si lo está siendo nuestra pareja no está de más repasar mentalmente alguna de las actitudes que deberían ponernos en alerta:

  • Interactuar constantemente con una persona con la que no se mantiene una relación de amistad formal y por la que se siente algún tipo de atracción.
  • No mencionar a la pareja en las distintas conversaciones que mantenemos con esa persona o no dejar claro que se está en una relación seria.
  • Realizar comentarios despectivos hacia la pareja en nuestras charlas con esa tercera persona.
  • Mantener conversaciones subidas de tono o compartir material en ese mismo tono con otras personas.

La clave, pues, está en qué se cuenta y qué se esconde.

 

LLueven críticas

Pese a que cada vez son más las publicaciones que tratan de ahondar en las diferencias entre las "macro" y las "micro" infidelidades, lo cierto es que no son pocos los que consideran que algunos de los argumentos aportados por Melanie Schilling son cuestionables o matizables.

Por un lado, llueven críticas de parte de todos los que consideran que, por mucho "micro" que le agreguemos al término, no se evita que se trate de una evidente deslealtad que lo que viene a revelar es que existe una falta de confianza manifiesta en la pareja.

Por otro, también los hay que niegan la mayor y consideran que resulta imposible hablar a la ligera y en genérico de nada que tenga que ver con la infidelidad, ya que lo único que convierte cualquier acción susceptible de ser considerada como tal en infidelidad es el "contrato" que cada pareja acuerda libremente.

Si en algo parecen coincidir unos y otros es en que, una vez se produce una "conexión emocional" con otra persona fuera de la pareja, la cosa tiene poco arreglo. Aun así, insisten los liberales, todo depende de lo que la propia pareja acuerde.

El quid de la cuestión parece estar, así, en si se esconden o no esas actitudes que puedan dar lugar a duda. Cuando esto sucede, el matiz nominativo quizás sea ya lo que menos importe.

El ‘síndrome del emperador’, cuando tu hijo es un tirano

El ‘síndrome del emperador’, cuando tu hijo es un tirano

Dedicar poco tiempo a su atención y conceder caprichos son el abono para que un niño manifieste el llamado “síndrome del emperador”

 

EL NÚMERO DE CASOS no deja de aumentar. Cada vez a edades más tempranas: se llama “síndrome del emperador”, y define a los niños y adolescentes que abusan de sus padres sin la menor conciencia. La madre suele ser la primera y principal víctima del pequeño tirano, que luego extenderá el maltrato a otros miembros de la familia, a no ser que se ponga remedio, según explica el psicólogo José Antonio Ramadán. Muy sonada fue la sentencia que dictó el año pasado el Juzgado de lo Penal número 2 de A Coruña que absolvía a una madre acusada por su propio hijo de 11 años de maltrato por un bofetón. Pero ¿cuáles son las causas de este mal que convierte la vida familiar en un infierno?

Según los expertos, hay diferentes factores que pueden coronar a un emperador en casa:

Poca dedicación de los padres. El problema tiene su origen muchas veces en unos progenitores ausentes que, para paliar su sentimiento de culpabilidad por el tiempo que no pasan con el niño, le conceden todos los caprichos. Con ello transmiten al pequeño el mensaje de que, pese a su soledad afectiva, es el centro del universo y los adultos están allí para satisfacer todas sus exigencias.

Muchas veces los padres claudican por miedo a que la bronca con sus hijos se les vaya de las manos. La solución pasa por fijar unos límites

Falta de límites. Derivado muy a menudo de la primera causa, si los padres no dedican suficiente tiempo a la crianza delegando en terceras personas, tampoco tendrán tiempo para educar a su hijo en normas de conducta, con lo cual el rey de la casa sentirá que tiene total impunidad. El psicólogo Javier Urra asegura que ningún niño nace siendo un tirano, sino que hay progenitores que no actúan como adultos educadores, ya que “hacen todo tipo de concesiones para no tener problemas y al final lo que generan es un problema”. El juez de menores Emilio Calatayud, muy conocido por sus aleccionadoras sentencias a jóvenes conflictivos, resumía así esta complicada situación en una entrevista publicada en EL PAÍS en 2006: “Les hemos dado muchos derechos, pero no les hemos trasladado deberes. Hemos perdido el principio de autoridad. ¡Hemos querido ser amigos de nuestros hijos!”.

Ser hijo único. No tener hermanos no lleva necesariamente a convertirse en un minidictador si los padres son conscientes de su función educativa, pero puede contribuir a que el niño se sienta un monarca solitario. Es muy interesante analizar los efectos que la política china de un solo hijo ha tenido en la psicología de toda una generación. En un artículo para el rotativo británico The Independent, el periodista Steve Connor hablaba de un “ejército chino de pequeños emperadores”, fruto de la sobreprotección del único retoño por parte de padres y abuelos, que quieren darle los lujos y privilegios que a ellos les negaron. Esto, sumado al incremento de la renta per capita de las familias, ha multiplicado los “pequeños tiranos” hasta límites insospechados. Connor afirma que los niños chinos actuales son “menos altruistas y confiados, más tímidos, menos competitivos, más pesimistas y menos considerados con los demás”.

El ‘síndrome del emperador’, cuando tu hijo es un tirano
 

Excepto en los trastornos psiquiátricos, el síndrome del emperador es producto de una disfunción educativa que puede corregirse. El psicólogo Vicente Garrido, autor de Los hijos tiranos, (editorial Ariel), propone tres puntos de actuación:

Fomentar el desarrollo de la inteligencia emocional y la conciencia. Para ello, los padres deben ayudar a sus hijos a reconocer sus emociones y las de los demás, incidiendo en la empatía e invitándoles a practicar actos altruistas para que vean su efecto en los demás.

Enseñarles a cultivar habilidades no violentas. En una casa en la que los adultos gritan y amenazan, difícilmente lograremos que los pequeños se comuniquen de forma sosegada. Los progenitores deben dar ejemplo y practicar con ellos el diálogo respetuoso y la escucha.

Poner barreras claras. Los padres no deben tolerar la violencia ni el engaño. Estas son líneas rojas que el pequeño debe saber que no puede cruzar, por muchas estrategias que use para ponernos a prueba.

La pedagoga Montse Domènech declara al respecto: “Los límites confieren seguridad a los niños, que se sienten perdidos si no hay unas pautas de conducta en el hogar. Los padres necesitan tomar la autoridad y no ceder a los intentos del niño por salirse con la suya”. Domènech, autora de numerosos libros sobre niños y adolescentes, señala que muchas veces los padres claudican por miedo a que la bronca se les vaya de las manos. La solución, según apunta, pasa por explicar los límites y reforzar los aspectos positivos del pequeño. La claridad en esas barreras, el refuerzo positivo y, sobre todo, dedicarles nuestro tiempo les dará la seguridad para desarrollarse como personas autónomas y felices. 

La llegada del ‘bebé jefazo’

— El estudio de animación DreamWorks estrenó el año pasado la película El bebé jefazo. La historia narra cómo un niño de siete años es destronado por su hermano pequeño, el nuevo rey de la casa. Tim Templeton disfruta siendo el centro de atención de sus padres hasta la llegada del bebé, que se dedicará a imponer su ley.

— Esta película muestra muy bien cómo se siente un niño ante la llegada de un hermano. El mayor puede creer que le han robado el amor y el tiempo de los progenitores. Pierde parte de la autonomía conseguida y se “hace pequeño” para intentar llamar la atención, aunque sea a través de la